Por Alberto Sánchez

Cumbia santafesina

Transcurrían los años ’70 cuando puse proa a Santa Fe de la Veracruz para estudiar en la Universidad Nacional del Litoral. No conocía la ciudad y, por eso, dediqué unos cuantos días a recorrerla, en especial, sus barrios.

Descubrí que los santafesinos se comen las eses finales y en el fútbol no hay zonas grises: sos de Colón o Unión. El resto no tiene cabida. Punto.

En Santa Fe –caso único en el país- se elabora una cerveza más liviana, el liso, que los lugareños beben por hectolitros. Aman la costanera de la laguna Setúbal, se doran en la playa de arena tan fina como la marítima y devoran pacú, surubí, dorado, boga, tararira, bagre y hasta el humilde y barroso sábalo, entre otros. El emblemático Quincho del Chiquito, diente libre, está repleto de batas y guantes de box con los que Carlos Monzón se coronó campeón del mundo y fotos de artistas y políticos históricos.

No olvidaré jamás el vergonzoso acto de aceptar, con mi cuñada Norma, caranchar ante la mirada atónita del mozo, una boga en el final del almuerzo angurriento.

El ADN

Pero la razón de ser de este artículo no es aludir a los depredadores seriales de pescado sino indagar sobre la cumbia santafesina

Sostienen los estudiosos que la música tropical en Santa Fe se erigió como un fenómeno sociocultural que no distingue geografías ni clases sociales. Con la influencia colombiana, parió su propio estilo, hoy marca registrada en el país y el mundo.

Su ritmo por excelencia es la cumbia. De la ciudad han brotado grandes artistas de folklore, rock –sobre todo en Rosario- y chamamé, pero las pasiones que despiertan los tonos de este estilo de cumbiamba no tiene comparación.

El vínculo en la capital de la provincia con forma de bota es tan intenso que la cantan, tararean y bailan abogados patricios y villeros; trasciende los escenarios.

Busco en los libros y corroboro que se trata de un género importado desde Colombia, que empezó a ser replicado por jóvenes conjuntos de la región a fines de los años 60 y principios de los setenta.

Después se masificó con la intervención de Martín Robustiano Gutiérrez, más conocido como Chani. A través de la uruguaya Radio Colonia -se escuchaba por repetidoras- precisamente en el programa «El Clan de Chani» se promocionaba la música tropical que se producía en Santa Fe.

Tan fuerte resultó la influencia de Gutiérrez que la Legislatura estableció al 5 de noviembre, fecha del fallecimiento de Chani, como el Día de la Cumbia Santafesina.

«Para entender esta música tenemos que hablar de un fenómeno socio-cultural. Nos pertenece, es nuestra identificación. Nuestras raíces tienen a esta música contagiosa y pegadiza, que comenzó primero con las sonoras, orquestas que tenían dos o tres trompetas, trombón, saxo, timbaleta, tumbadora, piano, y guitarra», explicó tiempo atrás a diario UNO el mítico presentador Roberto «Pipy» Rivero

En los albores, el género estaba completamente opacado por la onda beat de conjuntos que seguían el estilo de los inigualables Los Beatles. De igual modo, también se manifestaba un fuerte rechazo a la cumbia por su origen popular. 

Gustaba el ritmo, no su entorno, decían, quienes luciendo chombas Lacoste, vaqueros importados y mocasines color suela marca Guido, bebían lisos, al mediodía del sábado, en bares con mesas al aire libre en la peatonal San Martín.

«La cumbia era mala palabra, música de negros, de las orillas», recuerda Rivero. Sin embargo, a fuerza de los bailes en el Centro Almacenero, Quinta Asturiana, Centro Gallego, Fomento 9 de Julio o Villa María Selva, más el rol de locutores como el propio «Pipy» entre varios grandes presentadores, comenzó de a poco a imponerse en la sociedad a fines de la década del 80 y comienzo de los años 90.

Los Palmeras

Sigo aprendiendo: de las bandas fundadoras Santa Cecilia, Los Duendes, Tropicanos y los Cumbiambas, sobrevinieron Trinidad y Grupo Alegría. Entrado el nuevo milenio, ganaron popularidad Mario Pereyra, Coty Hernández y Sergio Torres.

Pero si hubo una banda que logró ser pionera en la música tropical, reinventarse con nuevos sonidos y volverse cada vez más masiva, fue la de Los Palmeras.

«A mi entender, Marcos Camino es el hombre que mejor leyó la historia de la cumbia, por eso Los Palmeras son lo que son. Si me preguntás por el número dos, no hay, no está. Hay buenos grupos, populares y trabajan muy bien. Pero inevitablemente se precibe un hueco entre Los Palmeras y los demás», enfatiza Pipy Rivero.

Al repasar los éxitos, es imposible no citar Bombón Asesino, hit que catapultó al grupo, que ya era top en la escena local, como protagonista nacional e incluso mundial.

«Hay un factor llamado varita mágica. Cuando te toca y tenés que ser vos, tenés que ser vos. Era una canción que estaba en el cajón casi olvidada, y la rescataron. No sé si le hubiera pasado a otro, tenía que ser Bombón Asesino y tenían que ser Los Palmeras», define Rivero.

Agrego, otro tema impresionante es Soy Sabalero, que desde su primera copla sacude, conmueve, emociona y define a unos y otros: “no hace falta que les digan que soy raza -alude al despectivo mote raza puta, según el particular enfoque de los hinchas de Unión- por mi piel escapa el alma sabalera. Sangre y luto es el color de mi bandera. Y a los negros yo los llevo aquí en el alma”…

Lamentablemente, tras cinco décadas de trayectoria, Rubén “Cacho” Deicas, solista inimitable y Camino, acordeonista magistral, rompieron lanzas y miles de fanáticos de Los Palmeras en todas las provincias nos quedamos sin entender nada, huérfanos y chupando un palo sentados sobre una calabaza, diría Serrat. Los Palmeras ahora tienen nuevo vocalista -Pablo López- lo siento por él, nunca podrá igualar a “Cacho”.

Hablando de ídolos de la cumbia santafesina, Leo Mattioli, histórico cantante del Grupo Trinidad y de una exitosa posterior carrera solista, también es evocado por Pipy.

«No hay otro Leo Mattioli, aunque tiene muchos imitadores. Era un gran compositor, como el caso de Horacio Guarany en el folklore, eso los hacía distintos. La fibra compositora, donde también tenía un rol trascendental Mario Álvarez, el bajista y líder del grupo Trinidad», señala.

Y añade, “la temprana muerte, a los 39 años, dejó un vacío imposible de llenar en sus fanáticos y en la escena de la música tropical”.

Después de convivir un par de años en la provincia vecina y de volver allá a cada rato porque me casé con una santafesina, sostengo que sus habitantes incorporaron la cumbia como emblema, igual que la cerveza, el alfajor y el río Paraná.

Como bien sostiene Camino, “ponés un pie en Santa Fe y lo que suena es eso: cumbia y cumbia todo el día”. Pregunto, en definitiva, ¿qué es? Veamos:

“La cumbia santafesina, afirma Pipy, “se baila ¡y vieras en qué forma! Con muchas vueltas. En ningún otro lugar como en Santa Fe; ni siquiera en la misma provincia. En Rosario, por ejemplo, bailan la cumbia cruzada, que es una mezcla de tango con pasodoble y milonga. Algunos dicen que nosotros bailamos parecido a los centroamericanos y, en especial, a los colombianos, que tienen la bachata. ¿Tendrá algo que ver el factor climático?, dice, porque el clima es parecido al de Colombia”.

Algunos, entre ellos Los Palmeras, hicieron modificaciones a la cumbia colombiana que había ingresado al país con el Cuarteto Imperial y Los Wawancó. Al principio, copiaron el estilo. Después, compusieron sus propias canciones y cuando eso pasó, le dieron un estilo distinto. “Reinterpretamos, adaptamos, resignificamos. El primer disco de Los Palmeras salió en 1976. Los vendimos”, afirman agrandados.

Prosigo, ayudado por diario El Litoral, el citado Rivero y Camino, que me desasnan:

La cumbia santafesina es guitarra y acordeón.

La cumbia santafesina habla de amor. Mientras la cumbia centroamericana le canta a la canoa, al río, a la mantarraya, la santafesina es testimonial, romántica. En sus letras, se habla de amor y de los problemas cotidianos.

La cumbia santafesina es cambio constante. Con el paso del tiempo, cada grupo le ha dado su impronta. Por ejemplo, el Grupo Alegría, surgido después de que Osvaldo Raggio se fue de Los Palmeras, aportó velocidad y le sumó la timbaleta al acordeón.

La cumbia santafesina es futuro. Camino manifiesta que “más de una vez a Los Palmeras nos han dicho que somos como los Rolling Stones de la cumbia. Con los años, nos hemos aggiornado, pero manteniendo siempre un estilo simple y bailable”.

En lo personal, no dudo que el braceo y movimiento de caderas tan particular de las santafesinas bailando cumbias es lo más cercano a lo que llamamos felicidad.