Por Julieta Sartori

¿Quién come cuándo comés?

Durante décadas, aprendimos a asociar la palabra bacteria con enfermedad. El objetivo parecía ser uno solo: cómo eliminarlas. Sin embargo, la ciencia y sus avances, nos muestran la otra cara de la moneda y obligan a replantearnos esa idea: la existencia de un sinfín de microorganismos indispensables, con funciones claves en nuestro organismo y que contribuyen a su equilibrio.

La microbiota, ese conjunto de “habitantes” que residen en todo nuestro cuerpo, es particular en cada persona y puede variar a lo largo de nuestra vida y en función de muchos factores, entre ellos nuestra alimentación. Tal vez la famosa frase de SOMOS LO QUE COMEMOS tenga hoy más sentido que nunca.

La salud de nuestro intestino no depende únicamente de aquello que evitamos comer, sino también de esos microorganismos beneficiosos que favorecemos a través de nuestra alimentación cotidiana. Su influencia va mucho más allá del aparato digestivo: parecería que estos inquilinos que lo habitan tienen mucho más impacto de lo que pensábamos, o a la inversa, muchas enfermedades comienzan allí. El eterno dilema: ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?

Si vamos al grano y de Nutrición hablamos, contamos con dos grandes pilares que ayudan al desarrollo de las bacterias beneficiosas para nuestro sistema digestivo. Por un lado están los prebióticos, que son componentes no digeribles por nuestro cuerpo y que actúan como “alimento” de la microbiota, ayudando a su crecimiento y desarrollo; entre los múltiples alimentos que podemos nombrar encontramos: cebolla, espárragos, lentejas, puerro, ajo, avena, garbanzos, achicoria, brócoli..

Por otro lado, están los probióticos, que son microorganismos vivos específicos (por lo general levaduras y bacterias) que en cantidades adecuadas favorecen el correcto funcionamiento de nuestro intestino. En su mayoría, se presentan como suplementos de fácil acceso y venta libre, pero que al día de hoy y debido a la infinidad de opciones, muchos aún se encuentran en estudio. El gran desafío en la actualidad reside en saber cuál es el que más se adecúa a cada persona en particular.

Además, vale la pena mencionar los “alimentos fermentados”; a diferencia de los dos anteriores, son productos que se elaboran mediante un crecimiento microbiano controlado; entre ellos están el yogur, kéfir, chucrut, kombucha, kimchi y pan de masa madre.

Así como cada enfermedad de cualquier índole, requiere de un tratamiento específico y personal, la implementación de una alimentación que nos ayude a reforzar estos pequeños habitantes con grandes beneficios para nuestra salud, necesita de un seguimiento individual que se adapte a las posibilidades y tolerancias de cada cuerpo.

Quizás la clave resida en volver a una alimentación más simple y sencilla, que no es retroceder, con menos paquetes y enlatados; los buenos alimentos no necesitan de rótulos, publicidades o influencers para saberse saludables.

Julieta Sartori

MP: 3235