Por Alberto Sánchez
LA PUMAROLA
El genial escritor y humorista Alberto Cognini fue el creador de Hortensia, la revista que de una manera extraordinaria radiografió en los años 70 la esencia pura del cordobés, en especial, del capitalino. Entre otros personajes incluidos en sus páginas aparecían Negrazón y Chaveta, sin duda, los más representativos.
Estos guasos genuinos que pueden hallarse en cualquier barrio de La Docta, recorrían la ciudad montados en una Puma, emblemática moto fabricada en Córdoba. Diariamente se desplazaban en ella hasta Rinconcito´s, el bar donde despuntaban anécdotas, charlas y risas bebiendo un fernet.
Negrazón, melancólico y reflexivo. Chaveta, pícaro, lancero y eternamente enamorado, sin ser correspondido, de la Pirula, hermana de Negrazón. Arriba de la pumarola los veías transitar las calles del centro y también de las barriadas más alejadas.
A las historias cotidianas de estos amigos entrañables y queribles, las podés leer en el número 237 de esta Revista XXI. Buscalas, el gordo Cognini merece que nunca lo olvidemos.
La pumarola, como se la identificaba en el lenguaje popular, fue el medio de transporte por excelencia para miles de trabajadores cordobeses, especialmente en la década de 1950.
Días atrás, de pura casualidad, accedí a un texto del escritor local Walter Bonetto referido, precisamente, a la citada motocicleta. Por lo que representa para las emociones fuertes de los comprovincianos de aquellos tiempos, la reproduzco a renglón seguido.
“Es increíble pero aún anda, todavía acompaña a muchos hombres y mujeres de nuestra patria. Además, muchos coleccionistas y restauradores se han preocupado por guardarla como un valioso patrimonio de los argentinos y quienes tengan un modelo de la primera serie que venían con pedales tipo bicicletas, realmente poseen una pieza de colección muy cotizada”, dice inicialmente.
Y añade: “si habrá rodado la PUMA llevando en sus asientos tantas ilusiones y esperanzas. Aquel obrero que dejó de pedalear la bicicleta, aquel empleado que dejó de tomar el ómnibus o viajar en la caja de los camiones para ir al trabajo en los años 50, aquel hombre de la tradicional chacra que también comenzó a usar menos el sulky porque ahora tenía la moto como una alternativa de rápida movilidad”.
De igual modo, “el matrimonio que con su niño sentado en el tanque de la motocicleta paseaba orgulloso por el parque Sarmiento de la docta en esas tardecitas de domingo con templado solcito que entibiaba el atardecer; aquel joven con su novia hacía las escapaditas disfrutando del paseo… la moto PUMA, toda una historia ahora llena de nostalgia, de recuerdos, de ilusiones y también de bronca porque definitivamente la perdimos”.
Imaginemos, puntualiza Bonetto, si solo un 20 por ciento de los ciclomotores que transitan el país de origen importado fueran fabricados con aquella tecnología, por supuesto actualizada a estos tiempos. Cuánta mano de obra ocuparíamos, cuántas PYMES estarían funcionando, cuántos técnicos, obreros, ingenieros y diseñadores podrían trabajar en este proyecto”.
Advierte que “esto es parte de la “Industria Perdida”, tremendo error de los argentinos en subestimar nuestra capacidad de desarrollar la propia industria. Concretamente, cuando la teníamos no la cuidamos, ahora imploramos que vengan empresas extranjeras a radicarse para que solamente ocupen mano de obra de algo que diseñan en el exterior y adonde también llevan sus ganancias”.
Una historia singular
El historiador explica que en el año 1951 “el Presidente de la República recibió varias motos alemanas de bajas cilindradas, dado que con anterioridad había hecho experimentar en la fábrica de aviones con la idea de motorizar alguna bicicleta reforzada, pero los resultados no fueron los esperados, y Juan Domingo Perón seguía con la idea de darle movilidad ágil e independiente a los obreros y por ende a muchas familias argentinas”.
Agrega que “cuando el ministro de aeronáutica (Juan Ignacio San Martín) que conocía la inquietud de Perón, vio la motocicleta alemana, le manifestó: General las podemos fabricar”.
“Cuentan que Perón lo miró fijamente por unos instantes con sonrisa, pero no con sorpresa porque sabía de la capacidad científica indiscutible del brigadier San Martin, al final le repitió lo que ya estaba acostumbrado y era rigor en estos casos. Bueno brigadier, métale nomas, pero tenga cuidado y le voy a dejar dos directivas: quiero que no haga motos muy ligeras y además quiero que haga motos para que las usen muchos argentinos”, señala Bonetto en la nota.
Asimismo, el escritor riocuartense recuerda que San Martín “pensó rápidamente un nombre apelando a las instrucciones que le había dado el jefe del Estado: Para, Usen, Muchos, Argentinos (PUMA), ya la tenía bautizada en su mente. En varias barracas dentro del perímetro de la Fábrica de Aviones y en carácter precario se comenzó a desarrollar una serie experimental de 19 motocicletas”.
Luego de los ensayos para corregir detalles de fabricación e investigar el potencial mercado de consumo, puntualiza que “el día 27 de mayo del año 1953, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, se crea la Fábrica de Motocicletas PUMA, la que dependía del Instituto Aeronáutico y Mecánico del Estado (IAME) y tenía como plan la fabricación de 10.000 motocicletas, para cuya producción se debía dar intervención a la industria privada”.
Bonetto acota a renglón seguido que “la mayoría de los talleres y empresas comprometidas fueron de la ciudad de Córdoba, y fabricaban partes y componentes de dicho vehículo, mientras el montaje se lo realizaba en el IAME. Así fue como se produjo integralmente este noble vehículo en el país, desde el mismo motor, el flotante del carburador, el resorte de la amortiguación, las llantas, las cubiertas. Todo, absolutamente todo, fue industria nacional, realizada con inventiva, entusiasmo, dedicación, responsabilidad y cariño”.
“Los resultados obtenidos, enfatiza, permitieron hacer rodar al país, especialmente a la parte menos pudiente de la ciudad de Córdoba y luego se fue extendiendo por otras provincias”
“Con el correr del tiempo, indica Bonetto, esta fábrica de motocicletas nacionales logró una excepcional demanda de su producto. Así, desde el inicio del proceso de fabricación hasta su suspensión en el año 1967, produjo en promedio alrededor de 10.000 unidades por año”.
Desde la primera hasta la quinta serie de fabricación se alcanzó la friolera de unas 165.000 motocicletas.
Para Bonetto y tantos otros contemporáneos, a no dudar, “esta era una Argentina de otros tiempos”.
“Quizás algún día vuelva, manifiesta emocionado, pero ahora por lo menos debemos exclamar que fuimos capaces de desarrollar emprendimientos de magnitud. Seguramente a esa capacidad aún la mantenemos, lo que necesitamos es organizarnos, es ponernos de acuerdo para así comenzar a recuperar tanto terreno perdido en materia de industria nacional. Es que, en estos momentos de crisis, concluye, muchos precisaríamos para no depender tanto del extranjero”.
Y como bien señaló una voz anónima, la PUMA fue el rugido cordobés que marcó toda una época.
