Por Julieta Sartori
La comida también necesita cuidado
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se definen como la alteración persistente en la alimentación o en el comportamiento relacionado con la alimentación que provoca un consumo o una absorción alterada de los alimentos y causa un deterioro significativo de la salud física o psicosocial. Por ello, requieren un abordaje integral, individualizado e interdisciplinario.
Desde nuestro rol como nutricionistas, no se trata simplemente de decirle a una persona qué comer o entregarle un menú diario. El trabajo va mucho más allá: acompañamos la recuperación de un vínculo más sano y flexible con la alimentación.
En la práctica, muchas veces nos encontramos con personas que restringen determinados alimentos, saltean comidas, cumplen reglas muy rígidas sobre qué, cuánto o cuándo comer, sienten culpa después de hacerlo o tienen miedo extremo a la ganancia de peso. Frente a esto, una parte importante del tratamiento es trabajar progresivamente sobre esas conductas.
Por ejemplo, podemos acompañar la incorporación gradual de alimentos que generan miedo, trabajar en la organización y frecuencia de las comidas, revisar creencias y reglas alimentarias (muchas veces erróneas), y ayudar a que la persona pueda volver a reconocer sus señales de hambre y saciedad. También se realiza un seguimiento del estado nutricional y clínico cuando es necesario.
En algunos pacientes, sobre todo cuando existe un deterioro del estado nutricional, el primer objetivo será recuperar progresivamente una alimentación suficiente y cubrir las necesidades nutricionales. En otros casos, el foco puede estar puesto principalmente en disminuir determinadas conductas y recuperar variedad y flexibilidad en la alimentación. No todos los pacientes necesitan lo mismo, y por eso no existe una única estrategia nutricional para todos.
También considero fundamental trabajar sobre los mitos que rodean a la comida. Muchas veces hay alimentos considerados “buenos” o “malos”, prohibiciones, miedo a determinados nutrientes o una preocupación constante por el peso y la imagen corporal. El objetivo no es reemplazar unas reglas por otras, sino ayudar a que la persona pueda tomar decisiones alimentarias con menos miedo y culpa.
Por eso, hablar de alimentación en una persona con un TCA requiere mucho cuidado. Evitamos reforzar la cultura de la “dieta”, la estigmatización del peso o la idea de que determinados cuerpos son más saludables que otros.
Cada TCA es diferente y cada persona tiene una historia alimentaria, necesidades y posibilidades particulares. El acompañamiento debe ser empático, respetuoso y, sobre todo, libre de juicios.
El objetivo final no es que la persona “coma perfecto”. Es que pueda alimentarse con mayor libertad, recuperar la confianza y construir una relación con la comida que sea compatible con una vida saludable. Porque detrás de cada conducta alimentaria hay una persona, y detrás de esa persona hay una historia que también necesitamos conocer para poder acompañarla.

Julieta Sartori
MP: 3235
