El fin de un ícono: la quiebra de SanCor marca el cierre de una era en la lechería
La justicia de Santa Fe finalmente decretó la quiebra de SanCor, la cooperativa fundada en 1938 que supo ser el motor de la industria láctea argentina. Este desenlace, aunque previsible tras años de crisis, simboliza el declive del modelo cooperativo nacional frente a un proceso de concentración y extranjerización del mercado.
Los detonantes de la caída
El derrumbe de SanCor, que pasó de procesar 4 millones de litros diarios a solo 300.000 en su etapa final, se explica por una «tormenta perfecta»:
Conflictos gremiales: Una relación histórica de tensión con el gremio ATILRA que bloqueó salidas operativas.
Presión estatal y económica: Décadas de controles de precios, falta de previsibilidad, restricciones a las exportaciones y una carga impositiva asfixiante.
Atraso tecnológico: Mientras los competidores internacionales automatizaron procesos para ganar eficiencia, la estructura de SanCor quedó atrapada en costos laborales insostenibles.
De la cooperativa a la multinacional
El mapa lácteo argentino cambió radicalmente. En los años 90, las cooperativas locales procesaban el 45% de la leche del país; hoy, ese número apenas llega al 6%. En contraste, las multinacionales (como Saputo/Gloria, Savencia y Danone) pasaron de una presencia marginal a controlar más del 40% del volumen total.
Empresas emblemáticas como Molfino, La Paulina, Milkaut e Ilolay hoy forman parte de grupos extranjeros que lograron sobrevivir gracias a su escala y espalda financiera. Mientras tanto, firmas nacionales históricas como La Suipachense o ARSA enfrentan un destino similar al de SanCor.
Una paradoja productiva
A pesar de este escenario de quiebras y desaparición de marcas locales, el sector tiene un potencial intacto. Argentina cuenta con ventajas naturales para triplicar su producción, pero la informalidad, la evasión impositiva y la falta de reglas claras siguen empujando a las pymes al colapso.
La caída de SanCor no es solo la pérdida de una empresa; es el síntoma final de un sistema que, bajo las condiciones actuales, ha dejado de ser viable para el capital nacional.
