Por Alberto Sánchez

Inspirados en la década del ‘30

«Los diarios impresos en papel van a desaparecer«, pronosticó Bill Gates a fines del siglo XX. Su estimación ponía el foco en la última década de la pasada centuria. Luego, como los hechos no convalidaban su predicción, la prorrogó diez años.

Trabajé 40 años en la prensa. Nunca olvidaré, mientras daba mis primeros pasos en el matutino La Calle, esta afirmación de un veterano de los medios, Alejandro Sansi: ‘sólo es auténtico periodista el gráfico, porque su ropa tiene olor a tinta’. Al principio no dimensioné la metáfora, hasta lo imaginé una humorada, pero con el tiempo comprobé su certeza. O quizás no, pero fui chupado por la bohemia, vaya uno a saber.

 Vuelvo a Gates. El multimillonario cofundador de Microsoft y reconocido gurú tecnológico que, en los últimos años se ha volcado a la filantropía y extendió sus preocupaciones sociales a los campos de la salud (pandemias) y la Inteligencia Artificial (empleo), no estaba errado en su visión del futuro.

La desaparición de miles de diarios lo demuestran. El pronóstico no se cumplió por completo, pero sus advertencias sirvieron para abrir puertas de búsqueda a quienes estaban atentos a las dinámicas transformadoras que cada día tomaban mayor velocidad.

Como las respuestas son disímiles ante fenómenos de cambios globales, muchas empresas fueron víctimas de sus inercias históricas y societarias que les impidieron registrar a tiempo la enorme magnitud del cambio de una época.

Otras, en cambio, fueron capaces de leer tendencias en la turbulencia de los acontecimientos, adaptar conductas y generar respuestas imaginativas a los nuevos desafíos. Son los que pudieron seguir adelante e, incluso, ampliar sus espectros comunicacionales y consolidar sus bases económicas.

Llegó a mis manos este informe actualizado sobre la temática y me parece interesante compartirlo con los lectores de Revista XXI ya que estamos ante un nuevo paradigma.

Tal vez por una razón generacional, me resisto a imaginar a un habitué llegando por la mañana al bar de siempre para tomar su cafecito y que ya no disponga del diario de papel para saciar y transcurrir su rutina.

Podrán decirme -de hecho, sucede así- que ese tipo puede seguir leyéndolo a través del celular, para mí, una práctica insoportable. Felizmente, algunas cafeterías siguen contando con algunos ejemplares de Puntal y La Voz del Interior.

Como en todos los órdenes de la vida, hay quienes transitan un paso más adelante que el resto, como el santafesino diario El Litoral, que siempre marcó rumbos: durante décadas fue el medio gráfico por excelencia, dándose el lujo –inédito y caso único en la Argentina- de imponerse, al revés de los dictados de la lógica, con un vespertino a cuanto competidor irrumpía con diarios de la mañana.

Un cuarto de siglo después de la predicción de Gates respecto de la muerte de los diarios papel, muchos siguen vigentes e incluso acrecentaron sus actividades, como lo atesora El Litoral y sus 107 años de vida y que desde el arranque de 2025 habilitando un imponente edificio en la zona recuperada del puerto, de 4 plantas distribuidas en una superficie ocupara de 500 metros cuadrados.                                                                                           

En ese contexto, Gustavo Vittori, que trabajó algo más de cuarenta y cinco años en esta empresa e integró durante casi tres décadas sus cuadros directivos, propuso a su actual CEO, Nahuel Caputto, una conversación sobre un proceso que va más allá de la capacidad de resistir ciclos negativos o adaptarse como se pueda a tales cambios que resultan inexorables.

Aquellos años 30

Ahora sí, transcribo para ustedes los dichos y el particular enfoque de Vittori, un tipo cuya ropa huele a tinta.

“Nos reunimos, dice inicialmente, en el moderno y luminoso edificio inaugurado a fines del año pasado en el Puerto de Santa Fe. La pregunta que abre el diálogo es casi una obviedad: ¿Cuál fue la estrategia de la nueva conducción para estabilizar, primero, y relanzar luego el grupo empresario hacia objetivos mayores, que exceden la tradicional impresión de diarios en papel?”

En su respuesta, agrega, “mi interlocutor me propone el ejercicio de remontarnos juntos al pasado, más precisamente a la década de 1928/1938, tramo histórico en el que El Litoral pasó de ser uno de los cinco o seis diarios que había en Santa Fe con ediciones de baja circulación, a convertirse en el medio predominante”.

(Según certificaciones de tiradas de mediados de esa década, llevadas a cabo por el escribano Manuel Irigoyen, la impresión promedio diaria era de 35.000 ejemplares; la primera, en 1918, había sido de sólo 500 ejemplares).

Así las cosas, el ex director señala que “si se multiplica ese número por cuatro lectores, cálculo convencional para una familia tipo, el alcance se proyecta a la cantidad de 140.000 lectores, cifra que coincide con la población total de la ciudad en el momento de las referidas certificaciones”.

¿Cómo explicar aquel fenómeno? Para Vittori, la respuesta es simple: “la puesta en marcha, en 1928, de un sorteo semanal de bienes para el hogar a través de cupones numerados en el diario que habilitaban a participar a los lectores y compradores en general, propuesta sostenida en el tiempo. Los cupones también accedían al gran sorteo anual de un par de casas construidas por la sociedad de El Litoral”. (La mayoría de los terrenos comprados al efecto, se situaban en barrio Villa María Selva).

El sorteo, evoca, se hacía habitualmente en el picadero de la Sociedad Rural de Santa Fe, con capacidad para 10.000 personas de pie y era transmitido por la Estación L758 RCA Casa Roca Soler Santa Fe y luego LT9, fundada en 1924, primera emisora del interior del país.

Según Caputto, “esa conjunción de creatividad comercial, impresión de diarios y construcción de viviendas, fue la fórmula inspiradora del actual ciclo expansivo del Grupo El Litoral”.

Los pilares del desarrollo

El directivo describe los fundamentos estratégicos a partir del armado de cinco pilares  complementarios entre sí. El primero lo constituye el rubro histórico del periodismo, con diversificados títulos propios y ediciones matutina –de reciente data- y la clásica vespertina de El Litoral.

Añado por mi parte, que el principal mérito fue haber sabido avizorar el futuro mediato de la prensa escrita, acorralada por la terrible caída de las ventas y publicidad y los gastos cuantiosos de mantenimiento de enormes inmuebles con cientos de empleados, costosa infraestructura y rotativas que, si bien en los últimos años también operaron como imprentas, no alcanzaban ni a paliar el déficit.

Pero El Litoral se la jugó con ideas y mucha audacia. A contramano de la historia reciente, apostó a la impresión de diarios y periódicos. Por lo descripto antes, parecía una locura, pero lo hizo: compró las plantas de medios otrora poderosos, como La Voz del Interior; La Capital, de Rosario; Uno, de Entre Ríos y próximamente, La Nación.

Además, publicaciones diversas del interior de la provincia vecina y variados trabajos para terceros con equipos modernos. Algo así como una imprenta sin límites. «Hoy -sintetiza- El Litoral es el principal impresor del país con seis rotativas en funcionamiento en distintos puntos geográficos».

El tercer pilar es, explica Vittori, “el desarrollo de tecnología para optimizar procesos internos de todo el espectro de producción periodística e impresiones, incluida la web de noticias, que, según estadísticas, lidera alternativamente con La Capital y Rosario 3, la grilla de visitas a nivel provincial. Abrazarse a la tecnología fue una decisión crucial».

En consonancia con esa decisión, resalta la “reingeniería de los procesos internos, la incorporación de mucha y buena tecnología, el acuerdo con Google y otros diarios del país para el acceso e intercambio de información no sólo de noticias, sino, principalmente, de tecnologías de la comunicación, mejores prácticas empresarias y desarrollos conjuntos de software. Estas acciones le permiten, puntualiza, desenvolver software y ofrecer su implementación para sí y terceros”.

Nahuel Caputto, según Vittori, destaca en particular el acuerdo logrado con Google, “al que consagró sus esfuerzos, con reiterados viajes a California para reunirse en la sede de la gran multinacional tecnológica y, también, en la Universidad de Stanford”

Y lo sintetiza: “Google, liderada por su vicepresidente, creó un programa de periódicas mesas de discusión con espíritu colaborativo en las que se analiza el futuro de la información, el rol de los medios y el impacto de la constante renovación tecnológica. El nombre dado al programa revela su propósito: News Geist (mixtura de inglés y alemán que puede traducirse como «espíritu del tiempo»).

Y aclara que esas reuniones congregan a líderes de medios de comunicación, empresarios, periodistas y tecnólogos. “De esa convergencia, manifiesta Caputto, surgió la idea de crear un punto de concentración para el acceso a la tecnología por parte de los medios de comunicación adheridos, operatoria financiada por Google”.

En ese orden, ya está en funcionamiento en El Litoral y diecinueve empresas agrupadas en la Asociación de Diarios de la República Argentina (ADIRA). También recuerda con orgullo que, años atrás, los dos primeros medios argentinos en gestionar y lograr acuerdos de monetización de contenidos y transferencia tecnológica, fueron El Litoral e Infobae.

Vittori subraya que, para Caputto, la fuente de inspiración fueron los logros de El Litoral en la década del 30, en la cual comprar terrenos y edificar viviendas habían sido un complemento sustancial para la venta de diarios y el salto económico empresarial. Así, El Litoral participa en la construcción de edificios, como la torre «First», de veintiocho pisos, en la cabecera del Dique 2 del puerto y en iniciativas de desarrollo inmobiliario («real state»).

El último contribuye al resultado general de la compañía: la creación de una empresa de logística y reciclaje de materiales, muchos de ellos procedentes de los procesos industriales de sus propias actividades.

“El mejoramiento constante de la productividad a través del abrazo a la renovación tecnológica, reingeniería de los procesos internos con la consiguiente reducción de costos operativos y la unión con socios estratégicos, son las bases de este nuevo ciclo del Grupo El Litoral en su salto al futuro”, concluye este periodista cuya ropa aun huele a tinta.