por Guillermina Mandrile
Militancia como elección de vida: la historia de Berta Clara Perassi
“(…) indudablemente Berta tuvo una elección de vida (…) decidió ser eso y no la nena con el vestido último modelo” (Graciela Ochoa, 2009)
¿Era un crimen enseñar a leer y a escribir a quienes habían sido convencidos de que no tenían derecho a nada? En la Argentina de los años setenta pareciera que sí, que era un delito que justificaba la persecución, el secuestro, la tortura y el fusilamiento. Corría julio de 1976. Berta “La Gringa” Perassi fue asesinada en las inmediaciones del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio «La Perla».
El documental Algo habrá hecho Berta Perassi (2009), realizado por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), producido por Claudia Ducatenzeiler y basado en una investigación original de David Andenmatten y Rosa Salineo, realiza un recorrido por la vida y militancia de Berta Clara Perassi. A casi cincuenta años del golpe de Estado, su historia forma parte de la memoria de Río Cuarto y, a su vez, de la historia nacional.
Berta nació el 16 de octubre de 1951 en la localidad de Coronel Moldes, provincia de Córdoba. Desarrolló su infancia en el campo de sus padres, junto a su hermano Luis Alberto y finalizó sus estudios primarios en la Escuela Nicolás Avellaneda de la localidad. La secundaria la realizó como pupila en el Instituto La Consolata, en Sampacho; un internado de monjas del cual egresó en 1970. Quienes la conocieron, entre ellas Ana María Perurena, la recuerdan como una joven solidaria, siempre preocupada por los demás y con un carácter que no se doblegaba ante la estricta disciplina de las monjas, actitud que le valió reiteradas penitencias, las cuales cumplía los fines de semana.
Al finalizar sus estudios, se trasladó a San Luis para estudiar Psicología. Allí comenzó su militancia en el Partido Comunista Revolucionario (PCR). Nora Llaver, su compañera de militancia y universidad, recuerda la primera vez que la vio: vestida con una pollera y un saco, al estilo señorita “burguesa”. Con el tiempo y las lecturas, Berta cambiaría su forma de vestir y adquiriría convicciones ideológicas que la acompañarían en el transcurso de su corta vida.
En 1973 llegó a la Universidad Nacional de Río Cuarto para cursar Ciencias de la Educación. Paralelamente, se integró al Peronismo de Base y participó del programa de alfabetización CREAR (inspirado en la pedagogía emancipadora de Paulo Freire) en el entonces barrio El Acordeón. Los vecinos destacan su solidaridad, la cual iba más allá de enseñar a leer y a escribir, era la acción de estar con ellos, acompañarlos. Desde cortar leña para hacer un chocolate con los más chicos, hasta el simple hecho de compartir un mate y una charla. Carmen Pallet es contundente: Berta les enseñó que tenían derechos.
En 1974 fue amenazada de muerte por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Río Cuarto ya no era un lugar seguro para ella y, con ayuda de sus compañeros, se trasladó a la ciudad de Córdoba. En 1975 comenzó a trabajar en la fábrica de galletitas Lía y continuó su militancia, esta vez en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), siendo designada delegada sindical.
Entre fines de junio y principios de julio de 1976 fue secuestrada en la vía pública. Estuvo veinte días detenida en “La Perla”. Allí se reencontró con Piero Di Monte -sobreviviente y militante del PRT- y le preguntó, “¿Qué nos van a hacer?”. Sus últimos días transcurrieron sobre una colchoneta de lona rellena de paja, bajo tortura. Fue asesinada en julio de ese año y continúa desaparecida.
Las políticas de memoria han intentado restituir su nombre al espacio público. Historiadores como Camila Mezzano y Martín Penalva recuperan sus vivencias en uno de los capítulos que compone el libro Dar(se) pasados, publicado por la Editorial UniRío en 2025. Allí, entre otros dispositivos y espacios de memoria, rescatan la ordenanza N° 1332/07 del Concejo Deliberante de Río Cuarto, que establece la denominación de una calle con su nombre en el barrio Las Delicias de la ciudad. La iniciativa fue presentada por Mabel Conessa, entonces subsecretaria de Derechos Humanos de la Municipalidad.
Su hermano, Luis Alberto, manifestó que tuvo la posibilidad de irse a México. No quiso. Berta Clara Perassi muere en el suelo en que nació, no hubo terror suficiente para hacerla cambiar un posicionamiento tan fuerte, pero tan simple: no hay delito alguno en ver la miseria del otro y solidarizarse con eso.


