Por Emilia Cotella

Proyecto Fin del Mundo: Ciencia Ficción Sin Pantalla Verde

Es momento de hablar de la última película de Ryan Gosling. Y cuando digo su última película, me refiero a que Gosling no solo la protagoniza, sino que también es productor de “Proyecto Fin del Mundo”. Esta nueva propuesta, dirigida por Phil Lord y Christopher Miller a partir de la novela de Andy Weir con el mismo nombre, se está consolidando como un éxito mundial en taquilla.

¿Qué distingue entonces, a “Proyecto Fin del Mundo”? En primera instancia, uno esperaría de los directores de “Spider-Man: Un Nuevo Universo” algo mucho más cercano al espectáculo puro, a lo hiper estilizado, incluso a lo artificial. Sin embargo, “Proyecto Fin del Mundo hace todo lo contrario.

La historia sigue a Ryland Grace, un profesor de ciencias que se despierta solo en una nave espacial, sin recordar quién es ni qué está haciendo ahí. De a poco, entre flashbacks y reconstrucciones mentales, va entendiendo que está en una misión desesperada: encontrar la forma de salvar al Sol (y con él, a toda la humanidad) de un fenómeno que lo está apagando.

Por más que la premisa pueda sonar muy familiar dentro del género sci-fi, son varios los factores que hacen de esta película una obra única. La actuación de Ryan Gosling es, sin exagerar, uno de los pilares del film. El actor no solo se involucró profundamente en el desarrollo del personaje, sino que sostuvo gran parte del peso narrativo en solitario. Durante largos tramos de la película aparece completamente solo en pantalla, lo que exigió un trabajo interpretativo muy preciso, apoyado más en la expresividad y el timing que en la interacción tradicional con otros actores.

Pero quizás lo más interesante a nivel de producción sea entender cómo está hecha realmente la película. En un contexto donde la ciencia ficción contemporánea depende casi por completo de las pantallas verdes (croma), los directores de “Proyecto Fin Del Mundo” tomaron una decisión poco común: ¡no usar croma!

Estamos hablando de una historia ambientada casi íntegramente en el espacio, con naves, gravedad cero y entornos imposibles de recrear de forma “real”. Sin embargo, en lugar de filmar a los actores frente a fondos vacíos para después construir todo en computadora, la producción eligió otro camino: construir físicamente gran parte de lo que vemos en pantalla. La nave, por ejemplo, fue recreada con sets detallados y sistemas de iluminación diseñados para simular condiciones reales.

Esto tiene un impacto directo en lo que vemos. Los actores (en este caso, el actor) no están imaginando todo lo que los rodea, sino que interactúan con espacios reales, con objetos que están a su alcance. De esta manera, las actuaciones se sienten más conectadas con el entorno.

Ahora bien, que no se haya usado pantalla verde no significa que no haya efectos especiales. Los hay, y muchos: más de dos mil tomas fueron trabajadas en postproducción. Pero la diferencia está en cómo se usan. En vez de crear todo desde cero en computadora, los efectos digitales parten de algo que ya existe: se encargan de ampliar o completar lo que fue filmado físicamente.

Otro de los elementos más fascinantes es el simpático personaje de Rocky. Lejos de ser concebido como un producto digital, el equipo desarrolló versiones prácticas (es decir, físicas) del personaje que podían ser manipuladas en el set mediante control remoto y mecanismos internos. Esto permitió que Gosling interactuara con una presencia real durante el rodaje, algo clave para construir una dinámica creíble e íntima.

El resultado es un vínculo de amistad construido con tanta sensibilidad que termina siendo lo más potente y emotivo de la película. La relación entre el humano y el alien evita los lugares comunes del género, ni invasión ni amenaza inmediata, y se construye desde la curiosidad, la colaboración, y la empatía.

En definitiva, “Proyecto Fin del Mundo” nos demuestra que todavía hay espacio para la ciencia ficción original dentro del circuito comercial. Es una película que combina espectáculo con sensibilidad, ciencia con emoción, distopía con esperanza, y que demuestra que cuando hay una visión sólida detrás, incluso las historias más extraterrestres pueden sentirse profundamente humanas.