Por Abogada Noelia A. Chamorro

SALAMANCA: donde ocho siglos de historia siguen enseñando a mirar el futuro

Hay viajes que uno disfruta y otros que, sin darse cuenta, lo cambian un poco. Salamanca fue eso para mí.

Llegué con la expectativa de asistir al IV Curso Internacional de Especialización en Derecho Procesal: Proceso y Argumentación; me fui con mucho más que nuevos conocimientos jurídicos. Volví con preguntas, con ideas, con amistades y con la certeza de que el estudio nunca termina.

La ciudad tiene algo difícil de explicar. Quizás sea el color dorado de la piedra cuando cae la tarde; quizás el sonido de las campanas mezclado con cientos de estudiantes que siguen llenando sus calles después de más de ochocientos años. Todo parece recordarle al visitante que allí el conocimiento no es una moda; es parte de su identidad.

Fundada en 1218 por el rey Alfonso IX de León, la Universidad de Salamanca es la universidad más antigua de España y una de las más prestigiosas de Europa. Caminar por sus patios sabiendo que generaciones enteras de juristas pasaron por esos mismos lugares produce una sensación difícil de describir. Como argentina, también emociona pensar que durante su formación en España Manuel Belgrano recibió la influencia del pensamiento ilustrado que caracterizó a Salamanca y que luego marcaría su visión sobre la educación, la economía y la construcción de nuestras instituciones.

Cada edición de este curso es posible gracias al enorme trabajo del Dr. Adolfo Alvarado Velloso, uno de los grandes referentes del Derecho Procesal argentino, quien desde hace años impulsa este encuentro académico junto con la Universidad de Salamanca. Su compromiso ha permitido reunir a profesores, magistrados y abogados de distintos países para debatir, con absoluta libertad intelectual, los desafíos que hoy enfrenta la Justicia.

Durante dos semanas compartimos clases con destacados profesores de España, Italia, Austria, Paraguay, Perú y Argentina. Hablamos de argumentación jurídica, valoración racional de la prueba, motivación de las sentencias, comunicación judicial, mecanismos alternativos de resolución de conflictos y garantías procesales. Pero hubo un tema que atravesó prácticamente todas las exposiciones; la inteligencia artificial.

Hace apenas unos años parecía un asunto reservado a ingenieros o programadores. Hoy ya forma parte del trabajo cotidiano de jueces, abogados y universidades. La inteligencia artificial puede ayudarnos a investigar jurisprudencia, ordenar información o agilizar tareas repetitivas; pero también plantea enormes interrogantes. ¿Cómo proteger los derechos fundamentales? ¿Quién responde cuando un algoritmo se equivoca? ¿Puede una herramienta tecnológica influir en una decisión judicial?

En Europa esas preguntas ya dejaron de ser teóricas. La Unión Europea decidió avanzar con la primera regulación integral sobre inteligencia artificial del mundo, conocida como AI Act. Su filosofía me pareció especialmente valiosa; acompañar la innovación, pero sin resignar la protección de las personas. Los sistemas que pueden afectar derechos fundamentales, como aquellos utilizados en la administración de justicia, quedan sometidos a mayores controles, exigencias de transparencia y supervisión humana. Es una mirada preventiva que probablemente termine marcando el camino para muchos otros países.

Pero Salamanca también enseña cuando termina la clase.

Cada caminata ofrece una historia distinta. En las paredes aparecen los antiguos Vítores, pintados en color rojo para homenajear a quienes alcanzaban el grado de doctor. No son simples inscripciones; representan siglos de esfuerzo, estudio y dedicación.

Y después está la famosa rana de la fachada plateresca de la Universidad. Confieso que hice lo mismo que hacen miles de visitantes; levantar la vista durante varios minutos hasta encontrarla. La tradición dice que quien descubre la rana tendrá éxito en los estudios. No sé si las leyendas se cumplen; pero sí sé que esa búsqueda consigue algo maravilloso: detenernos, mirar con atención y disfrutar de los pequeños detalles de una ciudad que parece haber sido construida para despertar curiosidad.

Uno de los lugares que más me impactó fue la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca. Entrar allí es viajar varios siglos hacia atrás. Sus estanterías de madera, los manuscritos, los incunables y el silencio que envuelve cada sala hacen comprender que el conocimiento nunca pertenece a una sola generación. Cada libro cuenta una parte de esa historia; cada estudiante recibe el desafío de continuarla.

Si tuviera que elegir una imagen para resumir esta experiencia, no sería una fotografía de la Universidad ni de la Plaza Mayor. Sería otra: el momento en que recibí el diploma de la especialización de manos del Dr. Adolfo Alvarado Velloso.

A sus 91 años, verlo entregar personalmente cada diploma, con la misma pasión por enseñar que seguramente lo acompañó durante toda su vida, fue profundamente emocionante. No recibí solamente un certificado; recibí el saludo y el reconocimiento de uno de los juristas más importantes que ha dado nuestro país. Su lucidez, su humildad y su entusiasmo siguen siendo una lección en sí mismos. Fue un orgullo inmenso y, sobre todo, una enorme fuente de inspiración. En un tiempo donde todo parece urgente y pasajero, encontrarse con alguien que demuestra que el estudio, la curiosidad y la vocación pueden mantenerse intactos durante toda una vida renueva las ganas de seguir aprendiendo.

Regresé a Río Cuarto con la valija un poco más pesada por los libros; pero, sobre todo, con la cabeza llena de ideas y el corazón profundamente agradecido.

Después de más de ocho siglos, Salamanca sigue demostrando que el conocimiento nunca envejece. Cambian las herramientas, cambian las tecnologías y cambian los desafíos; pero hay algo que permanece igual: la necesidad de estudiar, de pensar críticamente y de recordar que detrás de cada expediente siempre hay personas.

Y quizás esa haya sido la mayor enseñanza que me traje de España. Que el futuro del Derecho no dependerá únicamente de la inteligencia artificial; dependerá, sobre todo, de la inteligencia, la ética y la sensibilidad de quienes tengamos la responsabilidad de ejercerlo.

Por Abogada Noelia A. Chamorro

MP 2-1984