Nota de Tapa
¡Ay Corazón!
Sandra Figueroa presenta su primera muestra individual en la Tintorería Japonesa con una propuesta que transforma el arte textil en un recorrido por la memoria, las emociones y la resignificación. Con la curaduría de Romina Gonella, «Reina Trash» invita al público a descubrir un universo donde cada puntada, cada bordado y cada material recuperado cuentan una historia.
Hay exposiciones que se contemplan desde la distancia y otras que invitan a acercarse, a detener la mirada en los pequeños detalles y dejarse atravesar por las emociones. «¡Ay Corazón!», la primera muestra individual de la artista textil Sandra Figueroa, conocida artísticamente como Reina Trash, pertenece a esta segunda categoría. Instalada en el Espacio Cultural Tintorería Japonesa, la exposición propone un recorrido íntimo por una obra que encuentra en la costura, el bordado y el reciclaje creativo una forma de narrar la experiencia humana.
Curada por Romina Gonella, la muestra reúne una serie de piezas que dialogan entre sí a partir de un elemento común: el corazón. Sin embargo, lejos de representar únicamente el amor romántico, este símbolo aparece como una metáfora de la vida misma, de las pérdidas, las transformaciones, las búsquedas personales y la posibilidad de volver a empezar.
El título de la exposición resume esa multiplicidad de sentidos. «¡Ay Corazón!» puede ser un suspiro, una exclamación de dolor, una expresión de alegría o un grito de esperanza. Esa ambigüedad atraviesa toda la propuesta y encuentra su mejor síntesis en el poema que acompaña la curaduría de Gonella:
«Ay, interjección, dolor, pérdida, búsqueda, resignificación. Ay, grito de placer, de emoción, de encontrarme, de poder ser. ¡Ay Corazón! Te digo al oído, a los gritos, a los cuatro vientos: si yo pude, ¡vos podés!»
Es una frase que no solo introduce al visitante en el universo de la artista, sino que también funciona como una invitación a reconocer las propias experiencias reflejadas en las obras.
La producción de Sandra Figueroa nace desde el arte textil contemporáneo, aunque su propuesta trasciende ampliamente los límites de la disciplina. Sus piezas están construidas a partir de telas, hilos, encajes, botones, lentejuelas, canutillos, perlas y múltiples materiales provenientes del universo de la costura. Son elementos cotidianos que, bajo su mirada, abandonan su función original para convertirse en recursos expresivos capaces de construir imágenes cargadas de simbolismo.
Cada obra exige una observación atenta. A primera vista impactan el brillo, los colores y el volumen de las composiciones. Sin embargo, basta acercarse unos centímetros para descubrir una enorme cantidad de detalles que permanecen ocultos en una mirada superficial. Capas de textiles, pequeñas aplicaciones, bordados minuciosos y objetos recuperados construyen superficies ricas en texturas que invitan casi instintivamente a querer tocarlas.
Ese trabajo artesanal refleja años de oficio. Sandra Figueroa es artista, costurera, diseñadora y creadora de indumentaria. Durante más de dos décadas desarrolló su producción bajo la identidad de Reina Trash, construyendo un lenguaje propio basado en el suprarreciclaje, una filosofía que propone resignificar materiales existentes antes que producir desde cero.
En tiempos atravesados por el consumo constante, donde pareciera que todo tiene una vida útil cada vez más breve, la obra de Figueroa plantea una reflexión diferente. Sus piezas demuestran que es posible crear con aquello que ya existe, con materiales que conservan historias, marcas y memorias. No se trata únicamente de reciclar objetos, sino de transformar su significado.
Como expresa Romina Gonella, «se puede hacer con lo que se tiene, con lo que hay a mano, con lo que ya tiene historia». Esa idea atraviesa toda la muestra y se convierte en una declaración artística, pero también ética. Cada botón, cada lentejuela o fragmento de encaje que integra las obras carga consigo una vida anterior. En lugar de ocultarla, la artista la incorpora al relato visual.
La propuesta también encuentra inspiración en la dimensión simbólica del corazón. Romina Gonella retoma conceptos del escritor Carlos Kreimer, autor de El artista como buscador espiritual, para pensar este órgano como mucho más que un símbolo romántico. En la exposición, el corazón representa el punto de encuentro entre el plano físico y el emocional, un espacio donde conviven la sensibilidad, la memoria y la capacidad de transformación.
Desde esa perspectiva, las obras hablan de procesos profundamente humanos: las pérdidas, los cambios, las heridas, la reconstrucción y la posibilidad de encontrar nuevos sentidos a partir de aquello que parecía roto. Cada composición parece contener una historia personal que, al mismo tiempo, logra transformarse en una experiencia compartida con quien observa.
La curadora señala que Sandra convierte aquello que pertenece a su mundo íntimo en una experiencia colectiva. Su producción nace de vivencias propias, pero logra trascenderlas porque interpela emociones universales. Todos, en algún momento, atravesamos quiebres, despedidas o transformaciones. Todos conocemos ese «¡ay!» que da nombre a la exposición.
Ese carácter profundamente humano también se percibe en la forma en que la artista entiende el acto creativo. Crear, en su obra, no significa únicamente producir objetos bellos. Significa mirar nuevamente aquello que parecía agotado, encontrar posibilidades donde antes solo había descarte y construir belleza desde las cicatrices.
Lejos de esconder las marcas del tiempo, las exhibe orgullosamente. Las costuras permanecen visibles, los materiales muestran sus texturas y cada elemento conserva parte de su identidad original. Esa decisión convierte al proceso mismo en parte de la obra.
La exposición invita así a reflexionar sobre el valor de los objetos, pero también sobre nuestras propias historias. ¿Qué hacemos con aquello que se rompe? ¿Es posible reconstruirse? ¿Cuánto de nuestra identidad está formado por las experiencias que nos marcaron? Las respuestas no aparecen escritas en ningún lugar. Cada visitante las irá encontrando mientras recorre las salas.
Para Sandra Figueroa, esta muestra representa además un momento muy especial. Aunque lleva más de veinte años desarrollando su trabajo artístico y de diseño, «¡Ay Corazón!» constituye su primera exposición individual, un paso importante dentro de una trayectoria consolidada desde el oficio y la experimentación permanente.
Su invitación resume el espíritu de toda la propuesta. «¡Ay Corazón!» no busca únicamente ser observada; invita a detenerse, descubrir, sentir y conectar. A comprender que el arte puede surgir de aquello que parecía insignificante y que, del mismo modo, las personas también tenemos la capacidad de resignificar nuestras propias historias.
En una época donde la velocidad muchas veces impide detenernos a mirar, la exposición propone exactamente lo contrario: contemplar el detalle, valorar el trabajo artesanal, reconocer la memoria que habita en los materiales y descubrir que, detrás de cada puntada, existe una historia esperando ser contada.




