Ernesto Cerdá
Pequeñas ventanas para mirar el mundo
Ernesto Cerdá presenta Mínima Geografía, una muestra de acuarelas en pequeño y microformato que invita a detenerse, observar y descubrir paisajes desde una mirada íntima y personal.
En tiempos atravesados por la velocidad y por una inteligencia artificial capaz de resolver preguntas en cuestión de segundos, la obra de Ernesto Cerdá propone exactamente lo contrario: hacer una pausa. El acuarelista riocuartense presenta Mínima Geografía, una muestra que encuentra en los pequeños formatos una manera diferente de mirar y de acercarse al paisaje.
La propuesta parte de una idea sencilla pero poderosa: no siempre una obra de grandes dimensiones es la única forma de abrir una ventana hacia otro lugar. En cada una de sus pequeñas acuarelas, Cerdá construye una especie de ventana íntima, donde el espectador puede detenerse, observar los detalles y completar el paisaje desde su propia memoria e imaginación.
“Podemos ver en una pequeña ventanita y que cada uno, a través de este acercamiento personal, pueda estar imaginándose esos lugares y esos paisajes”, explica el artista al referirse al sentido de la muestra.
El pequeño y microformato se convierte así en una invitación a desacelerar. Las transparencias, los colores y la fluidez característica de la acuarela adquieren protagonismo en obras que requieren una mirada atenta. Acercarse, contemplar y agudizar la vista son parte de la experiencia que propone Mínima Geografía.
Más que representar únicamente determinados lugares, las obras buscan despertar sensaciones y recuerdos. Cada paisaje puede convertirse en un punto de partida para que quien lo observa complete aquello que no está dicho, estableciendo un diálogo personal con la imagen.
En ese gesto de detenerse frente a una obra pequeña aparece también una reflexión sobre nuestra manera actual de mirar. Frente a la inmediatez de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, Cerdá reivindica el tiempo de la contemplación y la experiencia individual. Porque hay algo que ninguna herramienta puede hacer por nosotros: mirar, sentir y construir nuestro propio vínculo con una imagen.
Mínima Geografía propone, justamente, eso: encontrar en lo pequeño un universo. Una pausa para observar lo que muchas veces pasa inadvertido y descubrir que, detrás de una pequeña acuarela, también puede existir un paisaje enorme.
