Nota de tapa
“Siempre hubo una pared, pero siempre apareció la esperanza”
Con la presencia de Natalia de la Sota, Gonzalo Otero Pizarro, compañeros de cautiverio y público en general, en un edificio cargado de historia, Juan Carlos Díaz presentó su libro ‘Las Paredes de la Esperanza’, respondió preguntas y adelantó detalles sobre el próximo
En el marco de la 21ª edición de la Feria del Libro Juan Filloy, que tuvo lugar en nuestra ciudad del 17 al 24 de noviembre, se vivió un encuentro cargado de emoción. Juan ‘Quitito’ Díaz volvió a presentar su libro autobiográfico ‘Las Paredes de la Esperanza’, esta vez, acompañado por Gonzalo Otero Pizarro –encargado de realizar la introducción a la obra antes los presentes–, Natalia de la Sota, compañeros de cautiverio de la dictadura militar y público interesado en conocer más sobre la vida del autor.
El encuentro adquirió un significado singular por el espacio en el cual se desarrolló la presentación: la antigua sede de la justicia de Río Cuarto, un edificio cargado de historia y simbolismos. Allí, en una sala que décadas atrás fue escenario de miles de juicios, Díaz tomó la palabra para subrayar esa coincidencia irónica. “Si esta sala hubiera funcionado correctamente para juzgar a los jóvenes que estábamos cautivos en plena dictadura militar –año 76, 77–, tal vez este libro, o muchos de sus pasajes, no tendrían razón de ser, porque habríamos recuperado la libertad de inmediato. Son las ironías de la vida”, reflexiona.
«Se podría decir que la cultura es algo que siempre ha estado en mi corazón, alma e intelecto»
– ¿Qué significó para vos participar en este evento tan importante para la cultura regional?
– Participar en eventos de la cultura regional siempre ha sido sumamente significativo para mí. Desde mi juventud, durante mis años como estudiante secundario, junto a otros jóvenes de la ciudad fundamos el Cine Joven –una entidad vinculada al Cine Club que tenía como objetivo acercar el cine a los jóvenes y estudiantes–. Además, participé activamente en diversas manifestaciones culturales, incluyendo la música, poesía y el teatro, en la histórica Biblioteca Moreno.
Actualmente, estando frente a El Sureño, sigo apoyando las expresiones e iniciativas culturales. A lo largo del tiempo también he escrito sobre teatro, pintura y otras expresiones. Se podría decir que la cultura es algo que siempre ha estado en mi corazón, alma e intelecto.
– ¿Qué sentiste al escuchar hablar a Gonzalo Otero Pizarro sobre tu obra y recorrido?
– La presentación que hizo Gonzalo fue muy sentida. Es un amigo que me conoció cuando era muy joven. Nuestro vínculo se remonta a mis dieciséis, diecisiete, dieciocho años. En aquél momento, por el año 73, él dirigía una publicación llamada El Puente y me invitó a escribir en sus páginas. Publiqué varias notas sobre cultura, arte y teatro. Además de esa experiencia, también nos unió la participación activa en la actividad política de aquél momento.
«La presencia de Natalia de la Sota fue una gran sorpresa para mí, un hecho no menor, y que considero profundamente significativo»
– ¿Cómo recibiste la presencia de Natalia de la Sota en la presentación? ¿Qué significado tuvo para vos que te acompañara en este momento tan especial?
– La presencia de Natalia de la Sota fue una gran sorpresa para mí, un hecho no menor, y que considero profundamente significativo.
Cuando envié las invitaciones protocolares, fue la primera en confirmar su asistencia. Aunque mantuve una gran amistad con su padre, no había motivos para que ella viajara doscientos veinte kilómetros para escuchar mi historia. Esto me hizo tambalearme. Además, ver que Natalia, sin caer en comparaciones innecesarias, tiene actitudes y formas de hacer las cosas que caracterizaban a José Manuel.
Teniéndola frente a mí, le recordé cuando su padre quería trasladar Tribunales a la sede al lado del Centro Cívico, expresando que este histórico Palacio de la Justicia, debía convertirse en un gran espacio para la cultura riocuartense, algo similar al Buen Pastor en Córdoba. Yo sabía, por amigos cercanos, que incluso había consultado a arquitectos locales para que le tiraran ideas sobre cómo podía transformarse este edificio en una estructura cultural. Y miren donde estamos hoy.
– ¿Hubo alguna pregunta o reacción entre los presentes que te sorprendiera, te interpelara o te hiciera repensar aspectos de ‘Las Paredes de la Esperanza’?
– Entre los asistentes estuvieron presentes muchos compañeros que transitaron, como yo, el camino de la cárcel durante la dictadura. Cada vez que cuento la historia –sobre todo el último capítulo– surge una reacción particular. Allí cuento cómo me comunicaba con una presa política, que nunca la vi, alojada en la parte posterior del edificio en donde yo estaba detenido. Nos comunicábamos a través del código Morse.
Cuando narro ese episodio, que fue una historia nacida entre paredes, muchos preguntan si después, ya en libertad, llegué a encontrarme con ella. Esa es siempre la duda. Yo lo dejo totalmente abierto porque, en realidad, lo esencial no es eso, sino aquél acto de comunicación a través de las paredes.
«Paredes que se cruzaban, paredes que se levantaban, paredes que derribaba»
– ¿Recibiste comentarios al finalizar el evento? ¿Hubo alguno que te haya tocado especialmente o que no esperabas escuchar?
– Al finalizar la presentación recibí muchos comentarios. Varias de las personas que estuvieron allí no conocían mi historia de aquellos años, sino que conocían al Quitito Díaz de la actualidad. Por eso, al escucharme, se sorprendieron de lo que viví y de la manera en que transmito esta historia de paredes y esperanza.
A lo largo de mi vida, siempre hubo una pared, pero luego surgió la esperanza: paredes que se cruzaban, paredes que se levantaban, paredes que derribaba. Y, con la esperanza, siempre salía adelante.
– ¿Hacia dónde te gustaría seguir caminando después de este lanzamiento?
– Me gustaría terminar de escribir mi próximo libro. Vengo trabajando en él desde hace un tiempo y se trataría de una continuación de ‘Las Paredes de la Esperanza’. Este primer libro concluye casi en 1980, cuando recupero la libertad. En el próximo retomo el relato a partir de esos años: 1980, 81, 83, cuando vuelvo a involucrarme en la política y comienzo a conocer gente nueva. Se trata de un nuevo desafío, que está más al alcance de lo que estuvo aquel primer libro.
IG: @juanelsurenio






