Nota de tapa
“Ser modelo petite es abrazar quién soy, romper estereotipos y demostrar que la verdadera fuerza está en la esencia”

Recientemente coronada Petite Universe Beauty Tourism en su primer certamen internacional, Nadia Becerra, encuentra en la pasarela un espacio para abrazar su identidad, desafiar sus límites y representar a su país con orgullo. Conocemos más de ella en esta entrevista

Desde pequeña, Nadia Becerra (20) convivió con el peso del bullying por su físico, una experiencia que marcó su infancia pero que, con el tiempo, le permitió reconocer su propio valor. Ese recorrido personal encontró un punto de quiebre cuando decidió perseguir su sueño: convertirse en modelo. Esa oportunidad tomó forma en febrero, al incorporarse a la agencia Glam. “Allí encontré un espacio inclusivo que se convirtió en mi hogar, con profesoras y compañeras hermosas que me inspiran. Por eso me sumergí en el modelaje: para abrazar quien soy y transformar mi historia en fuerza”, añade Nadia.

– ¿Qué significa ser modelo petite?

– Ser modelo petite significa mostrar que la moda también se construye desde la autenticidad y la esencia de cada persona. No se trata solo de altura, sino de la presencia, identidad y lo que transmitís cuando estás frente a una cámara o sobre una pasarela. Para mí, ser modelo petite es abrazar quién soy, romper estereotipos y demostrar que la verdadera fuerza está en la esencia: en cómo caminas, cómo sentís y cómo contás tu historia a través de tu imagen. Es celebrar la diversidad y darle lugar a todas las formas de belleza.

– ¿Cómo fue tu camino de formación? ¿Hubo algún momento que te resultara particularmente difícil o desafiante?

– Mi camino de formación ha sido un proceso profundo de aprendizaje y autoconocimiento. El único obstáculo que realmente tuve —y sigo teniendo— soy yo misma. Entendí que la verdadera competencia es conmigo: con mis miedos, inseguridades y con los límites que yo misma me pongo. No es un camino fácil, porque implica abrazar mi historia y aprender de ella, por más vergonzosa o dolorosa que haya sido. Pero justamente ese proceso de mirarme hacia adentro, de desafiarme y de crecer, es lo que hace que cada paso valga la pena.

«No se trata solo de altura, sino de la presencia, identidad y lo que transmitís cuando estás frente a una cámara o sobre una pasarela»

– Recientemente participaste en un certamen de belleza, ¿cómo fue esa experiencia?

– Participar del certamen fue una de las experiencias más intensas y desafiantes de mi vida. La concentración tuvo lugar del 11 al 15 de noviembre en Lima, Perú, y, desde el principio el ritmo fue extremadamente exigente. Dormía apenas dos horas por día y me levantaba a las 3 de la mañana para maquillarme, peinarme y prepararme sola antes de comenzar jornadas muy largas llenas de presentaciones, actividades protocolares y compromisos propios del certamen.

Viví y compartí cada día con representantes de muchos países, mujeres maravillosas con historias y culturas muy distintas. Esa convivencia lo hizo todo más enriquecedor, pero también puso a prueba mi energía, disciplina y fortaleza. Fue un esfuerzo físico, emocional y mental enorme, pero también una experiencia que me permitió crecer, superarme y descubrir de qué soy capaz cuando tengo un objetivo claro.

– ¿Cómo fue la elección del traje alegórico? ¿Qué transmitía o significaba?

– La elección del traje alegórico fue un proceso muy especial para mí, porque, aunque era un diseño sencillo, tenía un significado profundo. Lo más importante es que lo realicé junto a Abril Quinteros, mi mejor amiga, que me ayudó en todo: desde elegir los materiales hasta dar forma a cada detalle. Ese acompañamiento le dio un valor emocional enorme, porque no era solo un traje: era una creación hecha desde el cariño y el apoyo verdadero.

Mi intención era representar esa energía femenina que a veces parece tranquila por fuera, pero que en el fondo guarda una fuerza inmensa, una profundidad emocional y una capacidad de transformarse constantemente. Cada elemento del traje buscaba contar esa historia: la mujer que fluye, que resiste, que se eleva… igual que el mar.

«La intención del traje que utilicé en el certamen intención era representar esa energía femenina que a veces parece tranquila por fuera, pero que en el fondo guarda una fuerza inmensa»

– ¿Qué te llevaste de esa etapa, tanto a nivel personal como profesional?

– A nivel personal, me sorprendió descubrir una resiliencia que no sabía que tenía. Con tan poco descanso, pensé que el cansancio me iba a vencer, pero ocurrió lo contrario: me mantuve firme, motivada y con una energía que casi no puedo explicar. Incluso me esguincé el pie al comienzo de la gala final y, a pesar del dolor y los nervios, hice todas las pasadas. Viví muchos sentimientos encontrados: estaba emocionada, exigida, vulnerable y orgullosa al mismo tiempo. Esa etapa me enseñó que puedo ir mucho más lejos de lo que imaginaba cuando tengo un objetivo claro.

A nivel profesional, el certamen me dejó herramientas valiosísimas. Aprendí a manejar la presión en situaciones extremas, a adaptarme rápido a los cambios y a comunicarme con seguridad frente a distintos públicos. Conocí gente del medio, entendí mejor cómo funcionan las dinámicas internacionales de este tipo de eventos y fortalecí mi presencia escénica, mi disciplina y mi capacidad de concentración. Siento que fue una escuela intensiva que me preparó para nuevos desafíos.

Y lo más especial es que, en mi primer certamen internacional, tuve el honor de ganar el título “Petite Universe Beauty Tourism”. Ese reconocimiento convirtió toda la entrega, el esfuerzo y las horas sin dormir en una recompensa inolvidable. Fue la confirmación de que todo valió la pena.

– ¿Qué significó para vos representar a tu país?

– Representar a mi país fue una sensación que me llenó el corazón desde el primer momento. Para mí significó convertirme en un pequeño reflejo de todas las personas, historias y sueños que forman parte de mi tierra. Cada vez que me colocaba la banda, sentía una mezcla de orgullo, responsabilidad y una emoción difícil de explicar, como si llevara conmigo un pedacito de cada persona que alguna vez creyó en mí.

En los días más agotadores, cuando apenas dormía o cuando el cuerpo me pedía descansar, pensar en mi país me devolvía la fuerza. Me recordaba por qué estaba ahí y qué valor tiene esforzarse por algo que uno ama. Representarlo fue como llevar mi hogar en el pecho: me sostuvo, me impulsó y me hizo sentir que cada paso, mirada o gesto tenían un sentido más grande que yo misma. Fue un honor profundo, uno de esos que no se olvidan, porque no solo representé un lugar: representé mi identidad, mis raíces y todo aquello que me hizo la persona que soy hoy.

– ¿Quién es Nadia cuando no está frente a una cámara?

– Cuando no estoy frente a una cámara, soy simplemente una joven de 20 años que continúa descubriéndose y construyendo su propio camino. Estoy en una etapa de aprendizaje constante, donde cada experiencia —buena o desafiante— me ayuda a crecer y a entenderme un poco más.

Soy una persona sensible y profundamente emocional, pero a la vez firme, perseverante y comprometida con todo lo que me propongo. Encuentro una felicidad inmensa en lo simple: pasar tiempo con mi familia, compartir risas con mis amigas y disfrutar de esos momentos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos. Soy muy familiar, y ese entorno es mi refugio y mi sostén.

También me define un fuerte sentido de empatía. Me conmueve especialmente la realidad de los perritos en situación de calle, y ayudarlos en lo que puedo es algo que me llena el corazón. Creo que la verdadera belleza está en los pequeños gestos de bondad, en lo genuino y en lo que nace del alma. En esencia, cuando las luces se apagan, soy una joven que sueña, que siente, que se esfuerza y que sigue avanzando con humildad, amor y gratitud por todo lo que la vida le ofrece.

«Representar a mi país para mí significó convertirme en un pequeño reflejo de todas las personas, historias y sueños que forman parte de mi tierra»

– ¿A qué te dedicás actualmente?

– Actualmente estoy cursando mis estudios universitarios, una etapa que disfruto mucho porque me permite seguir formándome y proyectar mi futuro con más herramientas y conocimiento. Además, soy emprendedora: tengo mi propio local de ropa femenina llamado “Esencia”, ubicado en Mitre 973. Es un proyecto que nació de mi amor por la moda y por crear un espacio donde otras mujeres puedan encontrar prendas que las hagan sentir seguras, auténticas y fieles a su estilo. Combinar la universidad con mi emprendimiento es un desafío, pero también una de las experiencias más gratificantes que estoy viviendo.

Quiero agradecer profundamente por este espacio que me brindaron para compartir un poco de mi historia, mis experiencias y el camino que me trajo hasta aquí. Haber obtenido el título “Petite Universe Beauty Tourism” en mi primer certamen internacional es un honor inmenso, y siento de corazón que este logro no es solo mío: le pertenece a todas las personas que me acompañaron, que creyeron en mí y que me sostuvieron en cada paso del proceso. Cada desafío, cada día de esfuerzo y cada emoción vivida cobran aún más sentido cuando puedo compartirlo con quienes me rodean. Representar a mi país y recibir tanto cariño es algo que voy a llevar conmigo siempre.

Para cerrar, quiero dejar un mensaje: los sueños no se cumplen por casualidad, se construyen con constancia, con fe y con el valor de seguir adelante incluso cuando el camino se vuelve difícil. Lo importante no es la perfección, sino la autenticidad y la pasión con la que uno se entrega a lo que ama. Gracias, de corazón, por permitirme contar quién soy y por acompañarme en esta etapa tan especial.

IG: @nadiabecerra.of

Los vestidos los realizó @lilicastaldialtacostura

Agencia de modelaje @glamagency.arg

Su local de ropa
@esencia.off