por Magali Durque

La música como punto de encuentro

El ciclo Cantoras volvió a convertir la Plaza del Pueblo – Viejo Mercado de Río Cuarto en un espacio de encuentro donde la música funciona como excusa y como lenguaje principal. En una ciudad atravesada por propuestas culturales de verano, la iniciativa se sostiene como un escenario necesario para visibilizar voces femeninas que, muchas veces, circulan por fuera de los grandes circuitos. Impulsado por la Fundación por la Cultura junto al Gobierno de Río Cuarto y con el acompañamiento de la Subsecretaría de Género, Diversidad y Discapacidad, Cantoras reafirma su lugar dentro de una programación que apuesta al acceso libre y a la ocupación del espacio público desde el arte.

La edición del miércoles 21 de enero, a partir de las 20.30 horas, reunió a un público diverso que se acercó a escuchar a dos cantantes con recorridos distintos pero atravesadas por una misma escena: la de las mujeres que construyen su camino musical entre la autogestión, el encuentro y la persistencia. Shirley Kloster y Zoé Audisio fueron las protagonistas de una noche que volvió a poner en valor el sentido original del ciclo.

Detrás de Cantoras está la figura de Deolinda Sosa, cantora y gestora cultural, quien ideó este espacio a partir de una necesidad concreta: generar oportunidades reales para mujeres que cantan, que componen y que buscan escenarios donde expresarse. El ciclo nació como una respuesta a esa ausencia y, con el tiempo, se consolidó como una propuesta sostenida durante los meses de enero y febrero, integrada a una agenda cultural más amplia que incluye teatro y milonga en el mismo espacio. La idea no es solo mostrar música, sino construir comunidad, circulación y continuidad.

La apertura de la noche estuvo a cargo de Shirley Kloster, quien asumió el inicio del encuentro con una gran presencia. Nacida en Rosario y radicada en Río Cuarto desde fines del año pasado, Kloster comenzó a insertarse en la escena local a partir de presentaciones informales y encuentros espontáneos con otros músicos en plazas y espacios abiertos de la ciudad. Ese recorrido, marcado por el intercambio y el contacto directo, le permitió generar vínculos dentro del ámbito cultural y llegar por primera vez al ciclo Cantoras el año pasado.

Desde entonces, su participación en la propuesta se transformó en una puerta de entrada a otras experiencias, incluyendo presentaciones en actos oficiales y fechas conmemorativas organizadas por la Municipalidad, como el Día de la Memoria. Para Shirley, Cantoras no funciona únicamente como un escenario más, sino como un espacio de construcción colectiva, donde la visibilización individual se articula con la creación de redes entre mujeres artistas que comparten búsquedas y desafíos similares.

Luego de su presentación, el escenario recibió a Zoé Audisio, una figura muy ligada a la historia del ciclo. Su participación remite a los primeros pasos de Cantoras y a la continuidad de un proyecto que fue creciendo junto a quienes lo habitaron desde el inicio. Volver a ese espacio implicó, para la artista, reencontrarse con un público y un formato que le resultan familiares, dentro de una propuesta que sostiene la expresión artística femenina como política cultural.

Con casi una década de trayectoria profesional, Zoé Audisio desarrolla una propuesta acústica centrada en covers de rock y pop nacional, acompañada por su guitarra, un formato que se convirtió en su sello personal. A lo largo de los años se presentó en bares de Río Cuarto y la región, además de participar en aperturas de distintos shows, construyendo un camino constante dentro de la escena musical local. Su nueva convocatoria al ciclo, nuevamente de la mano de Deolinda Sosa, refuerza la idea de Cantoras como un espacio que no solo reconoce trayectorias, sino que genera oportunidades concretas para que esas voces sigan circulando.

En cada edición, el ciclo reafirma su sentido: no se trata únicamente de un espectáculo musical, sino de un espacio donde la música, la gestión cultural y la perspectiva de género se articulan para producir algo más duradero que una noche de verano. Cantoras sigue creciendo como un punto de encuentro, donde cantar también es una forma de ocupar la ciudad y de hacerse escuchar.