Por Martín Alvarez
El cuerpo no se calla
Bárbara Mendoza entre la música, el circo y la ciudad
Los escenarios y los espacios culturales de Río Cuarto ven pasar cientos de artistas independientes que están prestos para expresarse y meterse en el radar del espectáculo. A Bárbara esto no le es indiferente pero no le asusta jugar de visitante en una ciudad en la que ella ya se siente parte. Sus ganas de hacer no se limitan a una sola cosa, y sobre todo por la sangre del Circo que le corre por las venas. Llegó con sus habilidades y ganas de hacer. Canta folklore, baila, hace acrobacias, tatúa a mano y entrena el cuerpo como quien cuida una herramienta vital. Sobrina de Flavio Mendoza, eligió correrse del centro para construir su propio camino. Bárbara Mendoza hace del arte una forma de vida.
Es oriunda de Capital Federal y nacida en el seno de una familia profundamente ligada al circo y al arte escénico, Los Mendoza. Su carrera no responde a una formación lineal sino a una construcción de vida atravesada por la curiosidad y la búsqueda constante que la llevan a especializarse en todo lo que ama . Criada entre cuerpos en movimiento, canciones y escenarios, creció absorbiendo el arte como una forma natural de estar en el mundo, sin imposiciones pero con una fuerte herencia simbólica.
A lo largo de los años, Bárbara fue sumando disciplinas sin abandonar ninguna, entendiendo el arte como un conjunto de herramientas expresivas. El canto y el movimiento aparecen como ejes centrales de su identidad, con el folklore como territorio de pertenencia, aunque siempre abierto a cruces y desplazamientos. Su paso por diferentes rubros culturales y otros espacios de formación le permitió construir una práctica sólida, tanto en el escenario como en la docencia y la gestión cultural, incluyendo experiencias junto a referentes de la música como Peteco Carabajal.
– ¿Cómo empezó ese gusto por abarcar tantas disciplinas? ¿De dónde nacen esas ganas de hacer de todo?
– No sé bien de dónde nace, pero desde chica fue así: jugar a todo. Nunca me puse un límite. Todo lo que se me ocurre es artístico, no puedo pensar de otra manera. Nunca me senté a decir “esto sí, esto no”.
En un momento empecé a estudiar sociología y después abogacía, pero lo dejé porque no me llenaba del todo. Me di cuenta de que estaba buscando algo que no estaba ahí. Y cuando me acepté, más o menos a los veinte años, dije: bueno, le meto con todo a lo que ya tenía. A cantar, a moverme, a maquillarme, a probar.
De chica vengo de ver a mi mamá maquillarse y cantar siempre. Eso estuvo muy presente. Y además vengo de una familia de artistas del lado del circo. Se me transmitió, pero no se me impuso. Nadie me dijo “tenés que hacer esto”. Lo fui tomando sin querer queriendo. Básicamente me gusta jugar a todo.
-Y está claro que te interpeló muchísimo ese ímpetu del hacer. Tanto tu mamá como tu papá son del mismo palo?
– Mi papá era de otro palo, más de la política. Por ahí anclo mi interés por la mirada social desde ese lado. Eso lo tengo muy presente. Pero siempre primero estuvo el arte.
Después mi familia es muy circense. Yo fui la primera que no nació en un circo dentro de esta familia. Todos eran trapecistas, bailarines, grandes artistas. Eso te atraviesa, quieras o no, pero nunca fue una exigencia. Era algo que estaba ahí, disponible.
– Con tantas aristas, ¿alguna vez sentiste la presión de tener que elegir una sola identidad artística?
– Sí, varias veces me lo planteé. De encontrarme a mí misma y decir “che, tengo que decidirme y calmarme un poco”. Es algo que aparece, porque el afuera también te lo devuelve. Pero en realidad tengo dos vertientes principales: una es el arte del movimiento y la otra es el canto. Después todo lo demás se va sumando.
Yo lo comparo mucho con gente que sabe herrería y después carpintería, y va agarrando changas. Siento que hago lo mismo: agarro maquillaje, tatuaje, escenario, lo que sea. No lo vivo como dispersión, sino como herramientas que se van sumando.
Su recorrido por la música
El folklore aparece como un eje, pero no como una frontera. Bárbara no lo nombra desde la tradición rígida, sino desde la comodidad y el deseo. En su historia por Buenos aires, se entusiasma mucho al hablar sobre su paso por la banda “Romántico Fernández” donde se desenvolvió con el canto. “Era algo más tirando a un rock con tintes mexicanos, donde pasábamos de una ranchera a un rock melódico más clásico. Ahí canté un montón.” dice Bárbara.
En su currículum de canto suma también una participación con un prócer del Folklore “tuve el honor de grabar una canción con Peteco Carabajal. También grabamos un escondido que no salió, quedó ahí medio en el tintero” comenta orgullosa.
Recientemente tuvo su participación en el Ciclo Cantoras en la plaza del Pueblo donde afirma que hizo su primera participación cantando y tocando la guitarra en simultáneo. – “Todas estas experiencias que tuve me llevaron a conformar una pequeña solidez con la música, fueron pasos muy importantes”, reflexiona.
El arte, el trabajo y la vida
– Con una vida tan atravesada por el arte, ¿cómo es tu vida social? ¿Existe una separación entre trabajo y disfrute?
– La verdad es que mi trabajo es lo que más disfruto. No tengo bien establecida una división entre trabajo y vida social, está todo mezclado.
Trabajo con gente que me cae bien; si no me cae bien, no trabajo. Eso para mí es fundamental. En general la paso bien, aunque obviamente en algún momento también me junto con gente que no está tan ligada a este estilo de vida, y eso también está bueno.
– ¿En qué momento empezaste a pensar que el arte podía ser un medio de vida?
– Eso es algo que a todos los artistas nos pasa: hay un momento en el que tenés que hacer un cambio mental para verlo posible. Yo lo sigo trabajando hoy en día.
Creo que lo empecé a ver más claro después de la pandemia. Fue un momento de reflexión muy grande. Ahí dije: bueno, esto es posible, y emprendí viaje para empezar una carrera más en serio.
El cuerpo vuelve una y otra vez en la conversación. No como un concepto teórico, sino como una realidad cotidiana que se tensa, se cuida y se entrena. Habla mucho de su día a día, consciente del sacrificio que conlleva entrenar y practicar.
– En todo lo que hacés, el cuerpo es central. ¿Cómo lo pensás y cómo lo atravesás?
– Para mí es algo medio caótico. Justamente tantas cosas para hacer te llevan a pensar cómo las ordenás, cómo las exhibís, a dónde las llevás.
Y el cuerpo, en esos períodos de más incertidumbre, se contractura más, se “apichona”. Entonces es seguir haciendo. Yo encontré la elongación y el yoga como una vía para cuidarlo y que esté óptimo para cuando haya que presentar algo o cuando surja una fecha.
No dejar de entrenar, de hacer y de practicar, porque cuando lo dejás te oxidás, como todo, y después hay que volver a aprender. El cuerpo como medio de expresión es como el de cualquier persona: también están las dificultades de la vida para autosustentarse y vivir.
El recorrido que hizo para llegar a Río Cuarto estuvo atravesado por el entrenamiento y la práctica. Bárbara cuenta con cariño sobre su pasado en Buenos aires. “Parte de mi formación fue en la escuela de circo de mi tío, Flavio Mendoza, donde también trabajé mucho tiempo como secretaria, organizando, armando muestras, mediando entre alumnos y profes”. comenta y enfatiza que convivir en el rubro circense le ayudó a darse una idea más clara de ese mundo.
Luego su camino la hizo llegar a Saladillo, un pueblo de Buenos Aires que tomó como primer paso para acercarse a Córdoba y que fue un lugar clave para desplegar su talento en las acrobacias armando su propia escuela de Circo. Hoy, dice que el entrenamiento lo hace en la comodidad de su casa, en el Espacio Cultural “el Hormiguero”, entre otros.
La aventura de animarse
En un momento se vuelve a tocar el tema de su Tío, Flavio Mendoza, alguien con una carrera más que sólida y un imperio en el mundo del Circo. Poniendo esto en la mesa, es inevitable hacer la pregunta lógica:
– Podrías haber seguido un camino más directo dentro del circo, incluso junto a Flavio. ¿Por qué elegiste correrte de eso?
– Primero fue escapar de Buenos Aires. Es un monstruo que no puede parar, no encontrás un minuto de silencio. Yo necesitaba eso.
Vengo de una familia con muchísimo carácter. Mi tío es muy conocido, mi mamá y mi tía también, pero nunca me impusieron nada. Yo adopté el camino del arte, pero la vara está muy alta. Entonces necesité alejarme y hacer mi propia carrera, probar, permitirme fallar, hacer el ridículo.
Hoy puedo mirar ese atrevimiento desde otro lugar, con todo lo que aprendí. Antes había cosas que no entendía y no me permitía jugar.
– ¿Cómo fue la decisión de venir a Río Cuarto?
– Conocí a Pablo Ortelli, mi pareja, en 2022. Después nos fuimos a Saladillo y soñábamos con vivir en Córdoba. Pensábamos en la sierra, el río, pero era difícil si no conocés a nadie.
Surgió el contacto con Loli Olguín, vinimos, conocimos y nos pareció fantástico ese intermedio. En dos meses hicimos una mudanza feroz y acá estamos.
– ¿La ciudad respondió a esas expectativas?
– Fue tal cual. Me quedé maravillada. No pasó ni una semana que ya me había conocido con Sebastián Roux y con Virginia Giorgis y a los 5 días tuve mi primer evento de circo. Después en un evento del galpón blanco conocimos a Deolinda Sosa y se fue dando todo. Cuando tenes todo un contexto cultural que te invita y te empuja le metimos muchisima mas ganas al canto, a la guitarra, a todo.
– A muchos artistas los asustan con la frase “el que mucho abarca, poco aprieta”. ¿Qué pensás de eso?
– Me lo dicen mucho, pero no entiendo por qué limitarse. Si puedo hacerlo y practicarlo, ¿por qué no?. Hay un salto en dejar de pensar en cualquier cosa o pensamiento ajeno que me obstruya y practicar lo que te gusta, no dejar que te frenen con opiniones que no tienen nada que ver con el proceso de uno. Aparte tenemos el ojo de saber si fallamos o no, no hace falta que alguien venga y te lo diga. Soy la primera en darme cuenta si pifie de acorde o si hice mal un truco. Lo que ayuda es pensar que estás en un proceso y eso es lo más valorable de una persona que realmente intenta y se entrega a algo que le gusta.
La vida de Bárbara es una máquina que no para, su talento en el canto sigue creciendo con presentaciones acompañada de su pareja Pablo Ortelli, y hace presentaciones de Circo con la Compañía Arcano Producciones. Da clases de acrobacias en Río Cuarto y Vicuña Mackenna, y pronto planea dar clases de canto para niños.
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@arcanos.producciones


