Nota de Tapa
Un gesto que transforma: el arte textil como memoria viva
En su muestra “Un gesto que transforma”, el artista riocuartense Federico Alonso convierte el tejido en una herramienta artística atravesada por la memoria, la identidad y lo cotidiano. A partir de técnicas textiles, materiales cargados de historia y recuerdos familiares vinculados a su nona Dora, la exposición —curada por Lara Ponsone en QUBO Río Cuarto— propone una experiencia sensible donde lo íntimo se transforma en un lenguaje colectivo capaz de despertar emociones y revisitar memorias compartidas.
Hay prácticas que sobreviven al tiempo incluso cuando parecen haber quedado suspendidas en otra época. El tejido es una de ellas. Presente en los recuerdos familiares, en las manos de madres y abuelas, en los inviernos de la infancia y en los objetos cotidianos del hogar, tejer es también una forma de construir memoria. En la obra de Federico Alonso, ese gesto doméstico adquiere una nueva dimensión: se vuelve arte, reflexión y experiencia emocional.
Su muestra “Un gesto que transforma” reúne una serie de mantas textiles que dialogan con la intimidad, el paso del tiempo y las formas en que los recuerdos permanecen vivos a través de los objetos. La propuesta expositiva, presentada en QUBO Río Cuarto bajo la curaduría de Lara Ponsone, se construye desde materiales sensibles y técnicas tradicionales resignificadas en el presente.
Las piezas cuelgan, ocupan el espacio y generan una sensación de abrigo visual. Hay algo profundamente humano en ellas: colores que remiten al hogar, hilos que parecen traer consigo historias anteriores y una construcción artesanal que deja ver el tiempo invertido en cada puntada. Pero detrás de la estética también aparece una búsqueda conceptual ligada a la memoria afectiva y a las prácticas históricamente asociadas al universo femenino.
Federico Alonso trabaja desde el arte textil, un territorio híbrido entre arte y artesanía que le permite explorar nuevas formas de expresión. Su obra propone una mirada sobre los mandatos culturales vinculados al género y las tareas domésticas. El artista encuentra en el textil una manera de cuestionar ciertas estructuras tradicionales y de recuperar técnicas históricamente relegadas a un segundo plano dentro del arte.
En tu muestra “Un gesto que transforma”, el tejido ocupa un lugar central. ¿Cuándo pasó de ser una práctica a convertirse en una forma de expresión?
Gran cantidad de mi producción artística puede ubicarse dentro del arte textil. El tejido a dos agujas llegó a mi práctica en la búsqueda de técnicas que se acercan a lo doméstico y se transforman en el medio por el cual concreto los diferentes conceptos que desarrollo.
En este caso hay una carga personal y emotiva, que plasma muy bien Lara Ponsone en su texto curatorial: ‘Hay una memoria que no se heredó, pero insiste, como un mantra. Las agujas encontradas de su nona Dora activan un aprendizaje que no busca recuperar un saber perdido tal como fue, sino transformado.
Aprendiste a tejer a partir de las agujas de tu nona Dora. ¿Qué lugar ocupa lo íntimo en tu producción?
En esta serie, el punto de partida fue un suceso absolutamente íntimo. Mi nona es una persona muy añorada y tengo muy presente visualmente el recuerdo de los pulóveres que nos tejía, desde ahí surge la idea de aprender a tejer para rescatar esa técnica que se había dejado de practicar en la familia.
Hacer de lo íntimo el móvil para generar objetos (mantas) que inviten a la reflexión y a revisar sus recuerdos a quienes la vean.
Tu trabajo propone una relectura de prácticas tradicionalmente asociadas a lo femenino. ¿Qué significa para vos habitar ese cruce?
El Arte Textil se encuentra en una zona híbrida entre arte/artesanía que me interesa mucho potenciar; al igual que el rescatar técnicas y formas de crear de los llamados, hace unos años atrás, ‘Labores femeninos’.
Cuando comencé a introducirme en el textil (primeramente, con el bordado) fue con el gesto de ser un hombre que lleva a cabo acciones que según la heteronorma no le corresponden, haciendo que intrínsecamente a pesar de los diferentes conceptos tratados, mi producción artística tenga una postura de género e igualdad.
¿Hay una búsqueda estética previa o el resultado aparece en el hacer?
La composición final de cada una va apareciendo en las vueltas del tejido. Disfruto que el momento de creación sea lúdico, tener materiales (lanas, hilos, dijes, perlas) e ir eligiendo de acuerdo a lo que se va componiendo. Nunca parto de una idea de diseño, y menos aún de un boceto.
Trabajás desde lo cotidiano, incluso mencionás la cocina como espacio de creación. ¿Cómo influye ese entorno en tus piezas?
Me gusta mucho partir de elementos y materialidades que no son compradas a nuevo, sino que ya tienen una historia y recorrido. Muchas veces son regalos de personas que heredan o encuentran estos objetos, como es el caso del hilo de algodón mercerizado fino que forma parte de las mantas en pequeño formato.
Trabajar con ese material sensible me interesa, por mi idea de que esto acerca al espectador que puede reconocer esos materiales en su cotidianidad al igual que las técnicas que utilizo.
¿Cómo fue el proceso de construcción de esta muestra en particular?
No tenía pensado mostrar aún esta serie de trabajo, la exposición surge de la invitación por parte de Lara Ponsone (Curadora de QUBO Río Cuarto). En encuentros y charlas con ella revisamos mi producción más actual, y teniendo en cuenta la superficie y forma de la sala decidimos sean las mantas.
¿Hay una obra o pieza que sientas especialmente representativa del conjunto?
No podría elegir solo una de las piezas. Cuando finalizamos el montaje, sentí que cada una potencia la imagen total de la exposición.
Se destacan por su tamaño las mantas más largas, que fueron por donde comencé la serie; miden 1.80 al igual que mi altura con la idea de algo que me cubre y protege.
¿Qué te gustaría que se lleven quienes recorren “Un gesto que transforma”?
“Creo que la principal búsqueda, es que estos tejidos sean el artefacto por el cual se revisen o despierten recuerdos. El tejido es una técnica que nos atraviesa a todas y todos, está en el cotidiano en todas nuestras edades a pesar de la perdida, en ocasiones, del trabajo manual”.
Entre hilos, agujas y recuerdos familiares, “Un gesto que transforma” construye una experiencia sensible donde el arte deja de ser únicamente contemplación para convertirse en encuentro. Un encuentro con la memoria, con los afectos y con esas pequeñas prácticas cotidianas capaces de transformar historias personales en emociones compartidas.




