Paco Juan "Poncho" Ridolfi
La tierra como lenguaje: Juan "Poncho" Ridolfi y una obra que nace del paisaje

En Ecología del vínculo, el artista cordobés Juan «Poncho» Ridolfi transforma la tierra de las Sierras Grandes en materia artística para reflexionar sobre nuestra relación con el territorio. La muestra, inaugurada en Tintorería Japonesa de Río Cuarto, propone una experiencia donde naturaleza, arte y tiempo dialogan en un mismo cuerpo.

Hay obras que representan un paisaje y otras que están hechas del propio paisaje. La diferencia parece sutil, pero es justamente allí donde se instala Ecología del vínculo, la muestra que el artista Juan «Poncho» Ridolfi inauguró el pasado 26 de junio en el espacio cultural Tintorería Japonesa de Río Cuarto. En esta propuesta, la naturaleza deja de ser un motivo de inspiración para convertirse en protagonista y coautora de cada pieza.

Oriundo del Valle de Calamuchita, Ridolfi desarrolla su producción artística en un taller ubicado al pie del Cerro Champaquí. Desde ese entorno serrano construye una obra profundamente ligada a la geografía que habita, donde la materia conserva la memoria del territorio y cada textura habla del vínculo entre el ser humano y el ecosistema.

La exposición reúne una serie de trabajos realizados mediante una técnica singular: revoques de tierra estabilizada y pigmentada aplicados sobre soportes de madera. Lejos de tratarse de un recurso meramente estético, el uso de tierras provenientes de las Sierras Grandes de Córdoba constituye el núcleo conceptual de la propuesta. La obra no busca imitar los colores del paisaje; está compuesta por ellos.

Las superficies revelan relieves, grietas y variaciones cromáticas que remiten a la flora autóctona y a los procesos naturales de erosión y transformación. Cada pieza conserva la huella del gesto del artista, pero también la acción de la propia materia, que se expande, se contrae y envejece con el paso del tiempo. El resultado es una producción donde el control cede lugar al diálogo con los materiales y donde el accidente forma parte del proceso creativo.

La curadora de la muestra, Nina Haynal, destaca precisamente esa renuncia al protagonismo absoluto del artista. En sus palabras, la obra prescinde de la idea de soberanía humana para entrar en resonancia con el ecosistema. El barro, la tierra y los pigmentos dejan de ser simples herramientas para convertirse en agentes activos de la creación, capaces de registrar tanto el gesto humano como los procesos geológicos que continúan actuando sobre la obra.

Una de las piezas más representativas de la exposición lleva por título Nada se da forma a sí mismo más que acercándose a otra cosa. La frase resume el espíritu de toda la muestra: nada existe en soledad. Cada forma, cada organismo y cada paisaje se construyen en relación con otros. Esa idea atraviesa el recorrido expositivo y encuentra sustento en el pensamiento de la filósofa Donna Haraway, particularmente en el concepto de simpoiesis, que entiende la vida como un proceso de creación compartida entre múltiples seres y sistemas.

Desde esa perspectiva, Ecología del vínculo propone revisar la manera en que concebimos nuestra relación con la naturaleza. El paisaje deja de ser un escenario distante para convertirse en una extensión de nuestro propio cuerpo. La tierra ya no aparece como un recurso disponible, sino como una presencia viva con la que compartimos historia, materia y destino.

En tiempos marcados por la crisis ambiental y la necesidad de repensar nuestras formas de habitar el planeta, la propuesta de Ridolfi adquiere una dimensión que trasciende lo estético. Sus obras invitan a disminuir el ritmo, a observar las texturas del mundo con mayor atención y a reconocer que la creación también puede surgir del diálogo, la escucha y el respeto por aquello que nos rodea.

Más que una exposición de arte contemporáneo, Ecología del vínculo se presenta como una experiencia sensible sobre la pertenencia. Una invitación a recordar que, antes de contemplar el paisaje, somos parte de él. Que la tierra no solo sostiene nuestros pasos: también guarda nuestra memoria, moldea nuestra identidad y continúa escribiendo, junto a nosotros, una historia compartida.