por Guillermina Mandrile
Cuando las calles eran de lujo: recorrido por la memoria de Rita López Aliaga
“Antes de morir como una rata desesperada de hambre (…) prefiero morir peleando, luchando en medio del pavimento, porque las calles son de lujo” (Rita López Aliaga, 2001)
En la calle Fotheringham 178, en la ciudad de Río Cuarto, funciona el Museo Histórico Regional. En una de sus paredes exteriores se extiende el mural “Villa Heroica – Villa Intensa”. Entre los diversos personajes representados, en el sector izquierdo puede verse a una mujer en cuclillas, con la cabeza apoyada sobre una de sus manos. Su nombre está escrito en la referencia n° 41: “Rita López Aliaga (1949-2005). Escritora. Dirigente de la Agrupación de Desocupados Agustín Tosco”.
Aquella mujer, desconocida para muchos, forma parte de la historia local. Su figura se inscribe en un período crítico: la crisis del año 2001. Si retrocediéramos algunos años, podríamos verla participando de tomas en la Catedral frente al obispo Staffolani, ocupando el edificio municipal en pleno diciembre o encabezando cortes de ruta hacia Holmberg con pancartas y neumáticos encendidos. La imagen es conocida: la de los “piqueteros”. Rita lo fue, pero no fue tan solo eso.
A partir de entrevistas a familiares, amigas y conocidos, de la lectura de sus libros y de diarios de la época, se reconstruye la trayectoria de una Rita joven, proveniente de una familia trabajadora, sin lujos pero con libros. Se formó como maestra en Córdoba y fue una participante anónima del Cordobazo, de esas que los manuales de historia no registran con nombre y apellido. Luego estudió Abogacía en la UBA y trabajó en áreas administrativas del Hospital Nacional “Profesor Alejandro Posadas” y del Hospital General de Agudos “Dr. Juan A. Fernández”, integrándose al gremio ATE. Esa militancia sindical, junto con la de su esposo Luis, profesor de Filosofía, los colocó en la mira de la última dictadura.
Rita logró sobrevivir a los fusilamientos y a los vuelos de la muerte; Luis no. La vivencia y la pérdida dejaron marcas profundas en su cuerpo y en su mente, que se manifestaron en dolores físicos y ataques de pánico, experiencias que plasmaría en su libro Regresar del pánico. Pánico – Fobias – Miedo, publicado en 2001.
Con el regreso de la democracia, específicamente en el año 1985, Rita López Aliaga volvió a su ciudad de origen, Río Cuarto. Allí comienza su militancia política y social local, en torno al reclamo de derechos básicos: vivienda y trabajo.
En los años noventa, vinculada a la Corriente Clasista y Combativa, se convirtió en referente de la Agrupación de Desocupados “Agustín Tosco”, integrada mayormente por mujeres sin empleo estable ni vivienda propia, con escasa escolarización y sostenidas por changas y/o por el Plan Jefes y Jefas de Hogar.
Entre las formas de lucha, implementaron el corte de rutas, impulsaron petitorios ante el Concejo Deliberante y desarrollaron experiencias de trabajo conjunto con el municipio en proyectos de autoconstrucción de viviendas, como los barrios que aún hoy persisten en la ciudad: el barrio Agustín Tosco y el barrio Atilio López. Estas iniciativas articulaban el acceso a la vivienda propia y la generación de trabajo, mediante talleres y capacitaciones en oficios (como albañilería, carpintería, tejido, producción de pan, etc.), que formaban parte de las contraprestaciones, así como también la posibilidad de terminar el primario y/o secundario.
El 26 de mayo de 2004 Rita fue internada en el Hospital Regional de Río Cuarto a causa de una neumonía. Permaneció allí hasta el 4 de enero de 2005. Desde su cama de hospital continuó escribiendo petitorios para que los desocupados pudieran presentar ante la Oficina de Empleo o el Área Social del municipio. Falleció a comienzos de 2005 a causa de un cáncer que la había acompañado desde 1998. Con su muerte, la Agrupación de Desocupados “Agustín Tosco” dejó de funcionar.
Rita no se presentaba como una mesías ni ofrecía soluciones milagrosas. Era, ante todo, una desocupada más. Frente a la retirada del Estado, impulsó la autoorganización y convocó a quienes compartían su situación para buscar salidas colectivas.
A la luz de su trayectoria, queda abierto el interrogante: ¿existen hoy en las calles de Río Cuarto formas de lucha comparables a las que ella encarnó, o la militancia se ha transformado hasta quedar, en muchos casos, reducida a una publicación aesthetic en las redes sociales?


