Por Martín Alvarez
El cuerpo no se calla
Pía Varas y el proceso que la llevó a dar el salto
Quedó seleccionada entre más de siete mil personas para integrar el staff 2026 de Emir Abdul. Pero más allá del resultado, lo que atraviesa su relato es el proceso: insistir cuando no había cupos, sostener la espera, mudarse a Buenos Aires, adaptarse y confiar en su propio recorrido. Pía nos cuenta su recorrido y, a su corta edad, la enseñanza de que el esfuerzo con una chispa de insistencia casi siempre da frutos.
El casting, insistir hasta entrar
-¿Cómo empezó todo lo de Emir?
-Yo ya sabía que me iba a venir a vivir a Buenos Aires. Estaba en mi último año del colegio y sentía que quería adicionar a todo. Cuando vi lo de Emir me anoté, pero las pre audiciones estaban agotadas. Y ahí me desesperé, porque entendí que sin esa instancia no podía pasar a diciembre.
-Entonces empecé a escribir a todas las academias donde se hacían las preselecciones. Les decía que si se liberaba un cupo me avisaran, que yo viajaba. No quería quedarme afuera por no intentar.
-¿Y se liberó?
-Sí, un miércoles. Pedí permiso en el colegio y viajé. Éramos más de cien personas. Aprendimos la coreografía en quince minutos y después pasábamos en grupos. Cuando dijeron mi número fue un alivio, pero también sentí que recién empezaba.
La audición oficial fue en diciembre del 2025.
-Era todo muy profesional. Nunca me había parado en algo así. Dos días antes nos habían mandado la coreografía y yo practiqué muchísimo. Soy muy autoexigente, entonces me puse presión, pero también estaba muy emocionada.
Pasó el primer corte. Quedaron solo unas decenas de aspirantes. Al día siguiente, coreografía nueva en el momento.
-Eso es difícil porque puede tocarte un estilo que no te represente. Pero esta vez tuve suerte, me encantó. Me sentí cómoda y lo disfruté. Y creo que cuando lo disfrutás, se nota.
La última instancia fue freestyle, una coreo de estilo libre.
-Ahí ya sos vos. No hay nada que te sostenga más que tu identidad.
– ¿Cómo fue la espera?
-Lo peor de todo el proceso. Sabía que habían audicionado más de siete mil personas y no sabía qué estaba buscando Emir exactamente, porque sus bailarines son todos muy distintos, cada uno tiene su aura y estilo único. Entonces podía pasar cualquier cosa.
El mail llegó en un viaje con la familia.
-Lo abrí y me quedé en silencio. No lo podía creer. Fue mucha emoción, pero primero fue incredulidad, como que de ahora en más todo era incertidumbre. Lo único que sabía era que había quedado asique estaba súper feliz.
Adaptarse a Buenos Aires
Mudarse era una decisión tomada antes del casting. Pero vivirla fue otra cosa.
-¿Cómo fue la adaptación?
-Fue fuerte. Es un ritmo completamente distinto. Todo es más rápido, más competitivo. Extrañé mucho al principio, mi familia, mis amigos, mi rutina.
-Pasás de estar en un lugar donde conocés todo, a uno donde sos una más entre miles. Eso al principio cuesta.
Pero también reconoce lo que la ciudad le dio.
-Es muy estimulante. Hay clases todo el tiempo, oportunidades todo el tiempo. Estás rodeada de gente que quiere lo mismo que vos y eso te obliga a crecer.
Hoy vive en Pilar con su papá y entrena todos los días.
-No quiero que llegue marzo y sentir que no estoy preparada. Mantengo una rutina muy activa porque sé que esto recién empieza.
El recorrido desde chica
Antes del casting y antes de Buenos Aires, hubo años de formación.
-¿Cómo empezó tu vínculo con la danza?
-Arranqué a los tres años en Grupo del Sur. Después hice nueve años de clásico en Norma Fontella. El urbano lo empecé a los siete.
-A los 13 o 14 años viajaba sola a Córdoba los fines de semana para tomar capacitaciones. Creo que ahí impulsé mucho mi carrera, porque empecé a buscar más exigencia.
Participó en competencias, fue coreógrafa, se capacitó en el exterior en la Millennium Dance Complex.
-Cada experiencia me fue confirmando que quería dedicarme a esto en serio.
-¿Qué sentís que te define como bailarina?
-Actitud. Talento hay muchísimo, pero si no insistís, si no te movés, si no te animás, te quedás afuera. Para mí fue eso: no rendirme antes de intentarlo.
Pía no habla de golpe de suerte. Habla de insistencia. De escribir cuando el cupo estaba lleno. De mudarse aunque no hubiera garantías. De sostener la disciplina.
-Si se quiere, se puede.
No lo dice como frase hecha. Lo dice como algo que ya puso en práctica y eso la llevó de Río Cuarto a escribir su historia en lo más alto de su disciplina.




