Nota de Tapa
FORTALEZA: el folklore que cruza fronteras y une corazones
Con una delegación de 36 bailarines, la Escuela de Danzas Folklóricas Fortaleza representó a la Argentina en el 1.er Festival Internacional de Danzas “Ainil”, realizado en Valdivia, Chile. Sus directores, Ana Luz Maldonado y Matías Guigue, comparten la historia de una institución que nació del esfuerzo y la superación, y que hoy lleva nuestras tradiciones más allá de las fronteras.
Hay sueños que nacen de una inquietud y crecen gracias a la confianza de quienes los comparten. La historia de la Escuela de Danzas Folklóricas Fortaleza es una de ellas. Lo que comenzó como el deseo de construir un espacio propio se transformó en una institución que hizo del compañerismo, la identidad y el amor por nuestras raíces sus principales pilares.
Detrás de este proyecto están la licenciada Ana Luz Maldonado, egresada de la Universidad de Buenos Aires, y el profesor Matías Guigue, de reconocida trayectoria en el ambiente del malambo. Ambos llevaban años dedicados a la enseñanza en distintas instituciones cuando fueron sus propios alumnos quienes los impulsaron a dar el salto y crear una escuela con identidad propia.
Los comienzos estuvieron marcados por importantes desafíos. Conseguir un espacio adecuado, afrontar los gastos y lograr que la propuesta dejara de identificarse únicamente con “Anita y Mati” para consolidarse como Fortaleza requirió esfuerzo, perseverancia y un profundo compromiso colectivo.
Sin embargo, detrás del nombre de la institución existe una historia especialmente conmovedora, un momento que marcó para siempre a sus integrantes y terminó dándole un significado mucho más profundo al proyecto.
“En los inicios, cuando ya nos reuníamos a bailar pero aún no teníamos un nombre oficial, durante una clase un alumno sufrió un ataque cardíaco y falleció en mis brazos. En ese instante doloroso se abrieron dos caminos: o la situación nos paralizaba para siempre, o nos armábamos de valor y continuábamos. Elegimos continuar”, recuerda Ana Luz.
De aquella experiencia nació Fortaleza, un nombre que representa la fuerza necesaria para superar las adversidades, pero también la idea de un refugio, un espacio de protección y pertenencia al que siempre se puede regresar.
“Queremos transmitir que en nuestra escuela cada persona tiene un lugar valioso para aportar. El compañerismo, la empatía y la pertenencia no son palabras abstractas, son el pilar cotidiano con el que enseñamos a bailar y a convivir”, expresan sus directores.
Esa filosofía se refleja tanto en la formación artística como en los vínculos humanos. Fortaleza prioriza lo colectivo por encima de las individualidades y entiende que las diferencias pueden convertirse en una oportunidad para aprender y crecer juntos.
Con el tiempo, aquella institución joven logró consolidar una propuesta artística propia, combinando la técnica con la sensibilidad y el respeto por las tradiciones argentinas. Un camino que recientemente los llevó a vivir una de las experiencias más importantes de su trayectoria: representar a nuestro país en el 1.er Festival Internacional de Danzas “Ainil”, en Valdivia, Chile.
Recientemente tuvieron la oportunidad de representar a Argentina en el 1.er Festival Internacional de Danzas “Ainil”, en Valdivia, Chile. ¿Cómo surgió esta posibilidad y qué significó para ustedes recibir la invitación a participar?
Surgió a través de una convocatoria abierta internacional a la que decidimos postular. El cupo era sumamente reducido —solo cuatro delegaciones seleccionadas— y enviamos los proyectos escénicos de nuestros elencos de Jóvenes y de Adultos, pensando con humildad que, si con suerte nos elegían, sería para un solo grupo.
La sorpresa y la alegría fueron inmensas cuando la organización se contactó para decirnos que ambas propuestas eran de altísimo nivel y que querían contar con los dos elencos. Para una institución tan joven como la nuestra en Río Cuarto, recibir esta invitación significó un hermoso premio, una validación al trabajo riguroso que venimos realizando y la confirmación de que el camino elegido es el correcto.
Viajaron con una delegación de 36 bailarines de los grupos de Jóvenes y Adultos. ¿Cómo fue la preparación para afrontar un desafío de esta magnitud, tanto desde lo artístico como desde lo organizativo?
Fue un despliegue logístico gigante. Movilizar a 36 bailarines y un equipo total de 42 personas implicó planificar cada detalle al milímetro y no dudar en pedir ayuda a nuestra comunidad cuando fue necesario.
En lo artístico, la preparación fluyó desde la claridad conceptual de nuestra propuesta. Entendemos la cultura argentina en toda su diversidad: la majestuosidad del Litoral y sus ríos, la imponencia de la Cordillera, la calidez de nuestras sierras y la profundidad de nuestras raíces. Cuando salís del país te convertís en un embajador cultural; por eso diseñamos un repertorio escénico pensado para resumir y honrar la riqueza e identidad de nuestro suelo.
¿Cómo fue la experiencia de compartir escenarios con elencos de Chile, Colombia y México? ¿Qué les dejó ese intercambio cultural y artístico?
Sin dudas, el intercambio humano fue el corazón del festival. Para nosotros, ver a nuestros adolescentes por fuera del escenario oficial, en una ronda improvisada, enseñando una chacarera a chicos de otros países y aprendiendo a bailar una cueca chilena, fue la misión cumplida.
Descubrir en persona que la diferencia cultural no genera lejanía, sino cercanía, y entender que en el fondo todos compartimos una misma raíz latinoamericana, es una lección de vida imposible de describir solo con palabras.
Un viaje de estas características también fortalece los vínculos entre quienes lo comparten. ¿Qué significó esta experiencia para el grupo y cómo sienten que regresaron después de haberla vivido juntos?
Regresamos transformados. Todavía nos cuesta dimensionar todo lo logrado y seguimos recibiendo mensajes de agradecimiento de los bailarines y sus familias por la oportunidad vivida. Es una sensación de satisfacción, amor y plenitud muy difícil de volcar en un texto. El grupo volvió consolidado como una verdadera familia, interpelado por la belleza de lo vivido y con la certeza de que juntos no tenemos techo.
Después de esta experiencia internacional, ¿qué nuevos sueños, proyectos o desafíos tienen por delante?
Nuestros sueños caminan en dos direcciones. A largo plazo, anhelamos expandir nuestra infraestructura y propuesta para que más niños, jóvenes y adultos encuentren aquí su lugar. Además, guardamos el sueño de que Río Cuarto sea, en el futuro, la sede de un gran encuentro internacional donde nuestra ciudad le baile al mundo.
En lo inmediato, ya estamos “craneando” la próxima gira internacional, buscando un nuevo destino con características distintas para seguir regalándoles a nuestros integrantes experiencias de vida transformadoras.
Si tuvieran que definir a Fortaleza en unas pocas palabras, no solamente como escuela de danzas, sino como familia y grupo humano, ¿cuáles elegirían y por qué?
Elegiríamos tres palabras: Fuerza, Familia y Encuentro.
Fuerza, por la resiliencia de sostenernos y salir adelante siempre; Casa, porque espiritualizamos el espacio para que sea un refugio donde cada uno pueda ser exactamente quien es; y Encuentro, porque somos un lugar donde lo diferente no nos separa, sino que nos une para construir una identidad colectiva hermosa.
Fortaleza es, en definitiva, ese hogar donde el folklore se baila con el corazón y se vive en familia.




