Nota de Tapa

Giselle: cuando la danza se convierte en emoción

El Instituto Norma Fontenla y su Petit Ballet llevaron al escenario del Teatro Municipal uno de los grandes clásicos de la danza universal. Con meses de preparación, un destacado elenco y la participación especial de Shadi Khalil, Giselle se convirtió en una experiencia donde el talento, la pasión y las emociones fueron protagonistas.

Hay historias que no necesitan palabras para emocionar. Historias que encuentran en un movimiento, una mirada o un gesto la manera más profunda de llegar al corazón. Giselle es una de ellas. Un clásico del ballet romántico que, a pesar del paso del tiempo, conserva intacta su capacidad de conmover al público a través del amor, la ilusión, la traición y el perdón. Esta vez, esa historia cobró vida sobre el escenario del Teatro Municipal de Río Cuarto, de la mano del Instituto Norma Fontenla y su Petit Ballet, en una producción que reunió talento, sensibilidad y un enorme trabajo colectivo.

La iniciativa de llevar Giselle al escenario nació de las docentes del Petit Ballet, Verónica Bonetto y Griselda Llanos, quienes encontraron en esta obra una oportunidad para continuar enriqueciendo el recorrido artístico de sus bailarines. Desde el Instituto Norma Fontenla, el acercamiento a los grandes clásicos forma parte de una filosofía de formación que busca combinar la exigencia técnica con la sensibilidad interpretativa y el conocimiento de la historia de la danza.

En ese camino, Giselle representaba un desafío especial por la profundidad de su historia y las exigencias interpretativas que plantea. Lo que comenzó como una propuesta de las docentes pronto se convirtió en un proyecto compartido por toda la institución.

La elección no fue casual. Giselle cuenta una historia profundamente humana, en la que los sentimientos atraviesan cada escena. Su protagonista transita desde la inocencia y la alegría hasta el dolor y el sufrimiento, para finalmente alcanzar una dimensión espiritual donde el amor y el perdón adquieren un significado trascendente. Ese recorrido emocional convierte a la obra en un verdadero desafío para los bailarines, quienes deben encontrar en el cuerpo y en el movimiento las herramientas para transmitir cada una de esas emociones.

Para el Instituto Norma Fontenla, esta producción también reafirmó una filosofía de formación que va más allá de la técnica: responsabilidad, perseverancia, respeto y trabajo en equipo. Llevar esos aprendizajes al escenario permitió a los bailarines enfrentar nuevos desafíos y conocer las exigencias de una puesta de gran magnitud.

La preparación exigió meses de ensayos para perfeccionar las coreografías, comprender a los personajes y coordinar el trabajo del elenco. Cada integrante debió encontrar su lugar dentro de una historia que requiere tanto precisión como sensibilidad.

La precisión de los pasos, la musicalidad, la coordinación entre los integrantes del elenco y la calidad expresiva de cada movimiento fueron aspectos fundamentales. Sin embargo, uno de los mayores desafíos estuvo en lograr que la técnica se pusiera al servicio de la emoción. Porque interpretar Giselle no consiste solamente en ejecutar correctamente una coreografía, sino también en comprender qué siente cada personaje y encontrar la manera de transmitirlo al público.

La puesta también contó con un importante elenco y la participación especial del bailarín invitado Shadi Khalil, cuya presencia enriqueció la experiencia artística y permitió generar un valioso intercambio entre intérpretes con diferentes recorridos. Para los jóvenes bailarines, compartir este proceso significó una oportunidad de observar otras formas de abordar la interpretación, fortalecer su confianza y acercarse a las dinámicas del trabajo profesional.

La puesta no se construyó únicamente desde la danza: música, vestuario, escenografía e iluminación fueron esenciales para recrear las atmósferas de la historia y acompañar sus emociones.

La música, con su riqueza melódica y expresiva, permitió acompañar los distintos estados emocionales de los personajes. El vestuario aportó identidad y belleza visual, con prendas confeccionadas especialmente para la producción y otras pertenecientes al Instituto que fueron seleccionadas y reacondicionadas. La escenografía y la iluminación, por su parte, contribuyeron a recrear los contrastes entre el mundo terrenal y ese universo más etéreo y espiritual que caracteriza a Giselle.

El paso de la sala de ensayo al Teatro Municipal sumó nuevos desafíos: adaptarse al escenario, a los tiempos teatrales y a las exigencias de una función. Cuando llegó el momento de presentarse ante el público, todo ese trabajo compartido cobró sentido.

Para el Instituto Norma Fontenla y su Petit Ballet, presentar Giselle fue mucho más que sumar una obra a su trayectoria: significó acercar a Río Cuarto y la región un ballet completo y compartir un proceso de formación que dejó aprendizajes duraderos.

Giselle dejó así una huella que va mucho más allá del escenario. Una experiencia que reafirma el valor de la danza como espacio de encuentro, aprendizaje y expresión, y que demuestra que los grandes clásicos siguen vivos cada vez que una nueva generación de bailarines se anima a interpretarlos con pasión y sensibilidad.

Más allá de la presentación, ¿qué representa esta experiencia para el crecimiento artístico del Petit Ballet y del Instituto?

Esta experiencia representa un paso importante en el crecimiento artístico e institucional del Petit Ballet y del Instituto Norma Fontenla. Una producción como Giselle no solo permite presentar una obra de gran relevancia dentro del repertorio clásico, sino que también fortalece las capacidades organizativas, pedagógicas y artísticas de toda la institución.

Cada proyecto de esta magnitud nos invita a revisar nuestros procesos de trabajo, profundizar la formación de los bailarines y consolidar una metodología que integre la técnica, la interpretación y la experiencia escénica. Al mismo tiempo, nos permite identificar nuevos desafíos y proyectar objetivos a futuro.

Para el Petit Ballet, significa continuar construyendo una identidad artística basada en el compromiso con la danza, el respeto por la tradición clásica y la búsqueda permanente de crecimiento. Para el Instituto, reafirma la importancia de generar espacios donde los exegresados y estudiantes regulares puedan poner en práctica sus conocimientos y desarrollar su potencial en contextos reales de producción escénica.

También es una experiencia que fortalece los vínculos humanos. Una producción artística requiere confianza, cooperación, responsabilidad y una visión compartida. Esos aprendizajes quedan incorporados a la vida institucional y contribuyen a consolidar una comunidad que trabaja por objetivos comunes.

Entendemos que el crecimiento de una institución no se mide únicamente por la cantidad de presentaciones que realiza, sino también por la calidad de los procesos que desarrolla, las oportunidades que genera para sus bailarines y la huella que deja en la comunidad. En ese sentido, Giselle representa una experiencia significativa y un estímulo para continuar construyendo nuevos proyectos.

¿Qué les gustaría que el público se llevara después de haber disfrutado de Giselle?

Nos gustaría que el público se llevara, ante todo, una experiencia emocional y artística significativa. Que pudiera disfrutar de la belleza del ballet clásico, de la música y del movimiento, pero que también se sintiera conmovido por la historia y por los sentimientos que atraviesan a sus personajes.

Giselle nos habla del amor, de la confianza, de la fragilidad humana, del dolor y de la posibilidad del perdón. Son temas universales que nos invitan a reflexionar sobre nuestras relaciones y sobre la manera en que nos vinculamos con los demás. Nos gustaría que cada espectador pudiera encontrar en la obra algo propio, una emoción, un recuerdo o una reflexión que permaneciera con él después de abandonar el teatro.

También deseamos que esta presentación contribuya a acercar la danza clásica a nuevos públicos. Creemos que el ballet es un lenguaje artístico capaz de conmover a personas de distintas edades y experiencias, y que asistir a una función puede despertar el interés por descubrir más sobre esta disciplina y su riqueza cultural. En este sentido, luego del estreno, la reposición estuvo destinada a escuelas primarias y secundarias en el marco de “Las Escuelas Van al Teatro”.

¿Qué proyectos o desafíos se vienen para el Instituto Norma Fontenla y su Petit Ballet?

Nuestro principal objetivo es continuar fortaleciendo el crecimiento artístico y pedagógico del Instituto Norma Fontenla y de su Petit Ballet, generando nuevas oportunidades de formación, participación escénica y desarrollo para nuestros bailarines.

La experiencia de Giselle nos deja nuevos aprendizajes y nos motiva a seguir asumiendo desafíos que permitan profundizar el trabajo realizado. Queremos continuar promoviendo propuestas que combinen la exigencia técnica con la sensibilidad interpretativa, que amplíen el repertorio de nuestros bailarines y que les permitan seguir construyendo experiencia sobre el escenario.