Columna de la psicóloga María Gisela Constantino
Ataques de Ansiedad y Pánico: “Cuando los miedos nos desbordan”

Cada vez son más frecuentes las consultas de personas más jóvenes (adolescentes y niños a partir de los 10 años) que llegan a terapia porque se sienten “mal”, “desbordados”, “con muchos miedos…”. Estos significantes son algunos de los tantos que describen los pacientes. En cuanto a los ataques de pánico y ansiedad son dos situaciones que todos podemos llegar a experimentar en alguna etapa de nuestra vida, a cualquier edad, y aunque se puede pensar que son lo mismo, cada uno tiene características particulares.

La ansiedad es un sentimiento de inquietud, miedo o temor, que puede llegar a presentarse –de manera esperable– en todas las personas ante alguna situación particular. Esta sensación debería ayudar a enfrentar una situación, otorgar energía a la persona y permitirle concentrarse en la resolución de la misma; pero, muchas veces esto no ocurre y empiezan a incrementarse los niveles de ansiedad de manera constante. En caso de no poder controlarlo las personas pueden llegar a vivenciar los ataques de ansiedad o trastornos de ansiedad, que son episodios repetitivos de ansiedad intensa que afecta la mente y el cuerpo de la persona, así como su calidad de vida.

De esta manera, una persona que vivencia ataques de ansiedad verá que los sentimientos de pánico y ansiedad comienzan a interferir con sus actividades diarias, volviéndose muy difíciles de controlar y elevando desproporcionadamente las percepciones de peligro.

En este sentido, podemos decir que dependiendo de las características y síntomas que presenta una persona, existen diferentes tipos de trastornos de ansiedad, a saber:

  • Trastornos de ansiedad generalizada: la persona se preocupa excesivamente por temas cotidianos como el trabajo, la familia, la salud, el dinero; elevando su preocupación de manera constante.
  • Trastornos de pánico: la persona padece ataques de pánico que son repentinos y repetidos, seguido por la sensación de miedo intenso sin que haya un motivo real para pensar en una situación de peligro real; estos ataques suelen durar minutos o algunas horas acompañadas con la sensación de muerte inminente y síntomas físicos (taquicardia, sensación de ahogo, falta de aire, entre otros).

En términos generales, podemos decir que no existe un único motivo para que una persona presente un trastorno de ansiedad o ataques de pánico, sino que pueden ser varios, es decir ser multifactorial.

Ahora bien, muchos me preguntan cómo distinguirlos y, en forma breve, teniendo en cuenta las especificidades que pueden aparecer en cada persona de acuerdo a su subjetividad, puedo mencionar algunas maneras.

Una persona con ataque de ansiedad puede sentir:

  • Fatiga sin causa aparente.
  • Cansancio mental.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Tensión muscular.
  • Problemas de sueño.
  • La presencia de estos ataques de manera recurrente.

Por otra parte, una persona con ataque de pánico puede sentir:

  • Miedo a perder el control.
  • Miedo a morir.
  • Falta de aire.
  • Palpitaciones fuertes.
  • Sudoración.
  • Temblores musculares.
  • Dolor o incomodidad en el pecho.
  • Dolor de cabeza.
  • Escalofríos.
  • Náuseas.
  • Calambres en el abdomen.
  • Hormigueo o entumecimiento.

En términos generales, para diferenciar entre un ataque de pánico y un ataque de ansiedad, es importante considerar varios aspectos. Los ataques de pánico, suelen aparecer de forma repentina –no necesariamente tienen un desencadenante específico–, mientras que los ataques de ansiedad se presentan de manera gradual, comenzando de a poco e incrementando su intensidad –son respuesta a momentos estresantes, al menos desde la perspectiva de la persona–. Otra diferencia importante es la duración: los ataques de pánico, aunque muy intensos, suelen ser breves; los ataques de ansiedad, si no se gestionan adecuadamente, pueden prolongarse mucho tiempo.

Por ello es importante realizar una consulta con un profesional de la salud mental ante la presencia de síntomas emocionales, psicológicos y físicos, que la persona no puede comprender por qué le están ocurriendo. El diagnóstico de un psicólogo o psiquiatra son fundamentales para iniciar el tratamiento adecuado a las necesidades de cada paciente.

IG: @giselaconstantino

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